El urbanismo del Monopoly

LUGO

Orozco intenta una arriesgada jugada política para lograr la terminal intermodal y reordenar la plaza de la Constitución

11 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Lugo tiene un ministro al que premian los empresarios y un alcalde que busca el premio del ministro. El alcalde Orozco , ahora que el ministro Blanco está para pocas generosidades, acaba de inventarse el Monopoly de Lugo y pretende cambiar una estación de buses por viviendas para arreglar a Fomento y a la Xunta la papeleta de la terminal intermodal. El juego de Orozco anima el verano, tormentoso e inundado. En la partida, el candidato Castiñeira (PP) ensaya el papel de alcalde, explora sus registros dramáticos y le sale un regidor alternativo, creíble y posible. El ensayo popular ha despistado al socialista Orozco. Atrapado en la pinza del PP y el BNG contra la recalificación urbanística, busca el cuerpo a cuerpo con el candidato popular en la arena del casco viejo. El alcalde exhibe sus inversiones en el recinto amurallado a la espera del premio de Blanco, que son la intermodal y la candidatura a la alcaldía.

En la izquierda lucense, el recurso a la recalificación urbanística como modo de financiación de inversiones no tiene buen cartel. Tampoco lo tenía en la izquierda poco a la izquierda que es el PSOE. Era así desde hacía mucho tiempo, casi desde que la democracia estaba en mantillas y la economía municipal era economía de miserias, estrecheces e inversiones imposibles. Ocurrió cuando Frigsa, cuando el parque temático de la industria cárnica que era Frigsa iba camino de convertirse en el parque temático de ocio que es hoy. Y ocurrió después más veces, cuando gobernaba la derecha a la que los socialistas atribuían tendencia a la especulación urbanística, el pelotazo y así. Ahora, olvidada la pana, es lo otro.

Quizá convenga al PSOE lucense recordar la advertencia de Julián Besteiro a los diputados que pedían permiso para sacarse las chaquetas: «Sí, pero cada uno la suya». En política, el elector prefiere el original al sucedáneo, le gusta identificar a los suyos por la chaqueta. Ahora la izquierda se pone la chaqueta de la derecha en los modos de gestión, y la derecha/centro que es Jaime Castiñeira da un salto a la izquierda y se cuela de perfil en el espacio de Orozco: de recalificación de terrenos para enajenarlos, nada, dice el candidato popular y parece un alcalde. Nadie le ha preguntado por qué la Xunta, titular de la estación de autobuses, no ha dicho ni esta boca es mía cuando Castiñeira corrigió al responsable autonómico de Mobilidade y desautorizó el acuerdo al que había llegado con Orozco.

Es este un verano de tormentas, sí. Las tronadas inundan bajos y garajes y agujerean tejados y coches. Las tormentas políticas descargan en el campo de las infraestructuras, de la estación intermodal y el nuevo hospital. Dice Miguel Ángel Fernández , ex gerente del Hospital Xeral de Lugo, que las camas del nuevo complejo hospitalario son demasiado caras, que la Xunta ha pagado demás y quizá tiene razón. O tal vez no, que todo puede ser. Lo que no ofrece dudas es la oposición que la plataforma Cidadanía e Saúde mantiene a que la Xunta cobre por utilizar el aparcamiento del nuevo Xeral.

En la presentación de la campaña de cartelería de la plataforma actuaron como portavoces Fernando Rois y José Manuel Carballo . Vaya usted a saber por qué, pero da la impresión de que la Xunta no ha calibrado bien el alcance de la campaña. Quizá el ex alcalde Joaquín García Díez podría hacer alguna recomendación a la conselleira Farjas y contarle la vieja historia de una gasolinera que iba a ser y no fue; de un parque que iba a dejar de serlo y siguen siendo zona verde y espacio para el ocio. Era otro tiempo, sí, pero... Era otro tiempo, eran unos días en los que ni las beatas hubieran protestado porque una peluquería colocase en las calles de Lugo un cartón con forma de mujer vestida sólo de sombras. La intervención del Instituto de la Mujer en este caso tiene que estar motivada por el loable empeño de ayudar a la promoción de la empresa privada a la que el figurín sirve de reclamo. No puede ser otra cosa, seguro. En otro caso, qué razón tenía Mourlane: «Qué país, Miquelarena, qué país».

Lugo, ya se ve, es sitio singular. Quizá empujadas por el agua que inunda sótanos y almacenes, reaparecen en la escena política lucense las siglas con las que Adolfo Suárez certificó el final de su carrera política: CDS. Dice quien parece ser su representante para Lugo, José López , que presentará lista electoral en al menos un par de municipios. El alcanfor de la política sólo garantiza la conservación de la siglas; los partidos embalsamados propenden a la descomposición en cuanto se airean. También les pasa a los partidos y a los políticos que se desdibujan en el tablero del Monopoly: pierden el premio que es el voto.