El anciano acusado de matar a su hermana, declarado no culpable

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José Antonio López García, de 83 años, el vecino del barrio de A Ponte, juzgado ayer por el asesinato de su hermana Inocencia, de 64 años, abandonó ayer la Audiencia Provincial libre de cargos y con una sentencia absolutoria, después de que el jurado lo declarara no culpable. El octogenario, que lleva dos años en la prisión de Bonxe, negó en todo momento que hubiera sido él quien le enrolló en el cuello un cable de teléfono a su familiar el 27 de marzo del año 2008. López García declaró ante el tribunal de jurado que examinó su caso que no tenía ningún problema con la mujer, con la que llevaba más de 20 años conviviendo en un ambiente cordial, e insistió en que él no la había matado.

El fiscal calificó los hechos de delito de asesinato con alevosía y pidió en sus conclusiones provisionales una condena de 18 años de prisión e inhabilitación. La defensa del octogenario, por su parte, demandó la absolución. Alegó que la mujer, que sufría cuadros frecuentes depresión, se suicidó.

Mujer depresiva

El acusado aseguró que después de acudir a la comisaría de policía a denunciar que los vecinos querían matarlos a ambos, una idea que dijo atormentaba a su hermana y que la llevó a proponerle que se suicidaran ambos, la encontró muerta en la vivienda, con un cordón alrededor del cuello. Dijo que vivían aislados del resto del vecindario, que pretendía entrometerse en sus vidas y que ellos no lo permitían. La policía encontró dentro de la casa bolsas llenas de objetos inservibles que el acusado recogía en una carretilla y trasladaba al domicilio que compartía con su familiar. La vivienda era alquilada y carecía de luz eléctrica.

Hipótesis del suicidio

Las dos forenses que practicaron la autopsia al cadáver de Inocencia y que valoraron el estado psíquico de José Antonio López García coincidieron en señalar que las 25 vueltas con el cable del teléfono que contaron en el cuello de la mujer no pudo dárselas ella misma, frente a la hipótesis que barajaba la defensa. Según dijeron, cuando se ejerce una presión fuerte sobre el cuello la conciencia se tarda en perder entre 10 y 15 segundos, lo que hace imposible que la víctima se suicidara de esa forma. También destacaron que la anciana presentaba lesiones en la cabeza y hematomas, además de marcas de dedos de una segunda persona, lo que demostraba que la muerte había sido violenta, con la intervención de otra persona.

Las forenses coincidieron también en que el acusado padece un trastorno de la personalidad no especificado, del que no existen antecedentes por escrito, que lo hacen suspicaz, hostil y desconfiado, pero que, según su valoración, no interfiere en su capacidad de conocer y de querer. «Es un rasgo de su personalidad», apuntaron. Señalaron que el anciano es una persona lúcida, en la que no observaron indicios de deterioro cognitivo. Una de ellas declaró que cuando lo examinó, un día o dos después de lo ocurrido con su hermana, José Antonio López estaba muy tranquilo «más de lo que cabría esperar para su situación».

Las peritos rechazaron la sugerencia efectuada por la abogada de la defensa en el sentido de si el punto de partida de su informe estaba basado en la culpabilidad de López García.

Uno de los policías del Laboratorio de Biología que declararon a través de videoconferencia apuntó que las epiteliales que encontraron en los extremos del cable -solo analizaron 25 centímetros de cada lado- que procesaron se correspondían con el perfil de la víctima. No apareció el del acusado.

Problema social

La absolución de José Antonio López, que agradeció públicamente y en repetidas ocasiones la decisión a los miembros del jurado, genera ahora un problema a los servicios sociales. López tendrá que abandonar la prisión de Bonxe y no tiene familia que se haga cargo de él ni vivienda en la que alojarse.