Primer punto de eliminatoria salvado por el Breogán. Los celestes, apoyados por el público más entregado de la temporada, derrotaron con relativa facilidad a un Menorca que se desinfló con el paso de los minutos. Los celestes resistieron el momento crítico que llegó en el segundo cuarto, cuando el ataque se nubló por completo. Esquivado el bache, acabaron atropellando a un rival que dejó una pobre imagen en el templo del Leche Río.
El factor cancha parece intocable. Un Breogán muy envalentonado saltó ayer al parqué con la única idea de asestar una estocada a un Menorca que mantuvo la línea gris de toda la eliminatoria. El derroche de energías de los locales en el comienzo contrastó con la tranquilidad de un cuadro visitante que sabía que iba a tener que vivir un infierno en el Pazo Universitario. A pesar de que el olor a azufre impregnó la contienda, al Leche Río no le fue suficiente la casta para tomar la delantera en el marcador. Lo consiguió en el tramo final del primer cuarto.
Fue tras el duelo de pistoleros que en el inicio firmaron Xavier (11 puntos en el arranque) y Umeh (10). El pique de los escoltas encendió la llama de un choque en el que se vivió un ambiente festivo, el mismo escenario que los amantes del Breogán echaban de menos desde el chupinazo inicial de la campaña. Un triple de Betinho desde nueve metros desató la euforia en la hinchada local (22-18).
Aplomo
Pero los baleares, muy calmados en medio de la tormenta, aguardaron la ocasión más propicia para morder. Llegó en el segundo cuarto, cuando el Breogán zozobró en un mar de espesura ofensiva. El encuentro cogió un tufillo raro para el cuadro lucense, que no acababa de encontrarse a gusto después del éxtasis energético inicial.
Sin embargo, el Leche Río olisqueó el acierto que le condujo a la salida del bache. Poco a poco, las luces de un Menorca que no conseguía conectar con sus torres se fueron apagando. El ralentí de los de Paco Olmos chocaba de bruces con el hambre de un adversario con el orgullo herido, con ansias de demostrar que la eliminatoria podría tener un sino diferente en caso de que las circunstancias hubiesen sido más propicias en el terreno de los visitantes.
Así, la tumba que a lo largo de la temporada ha supuesto el tercer cuarto para el Breogán se convirtió ayer en el reverdecer de los celestes. Con un acierto brutal en el lanzamiento y un Coleman más generoso de lo que es habitual, el Leche Río cogió el toro por los cuernos. Y, junto a su feliz público, se sentó a la orilla del parqué a contemplar el vistoso arco iris que se dibujaba a orillas del río Miño.