El empleado de un almacén de coloniales montó una empresa que ahora capea el temporal porque se especializó en un sector que domina y con poca competencia
25 abr 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Ahora se les llama emprendedores a personas jóvenes que se orientan muy bien en la selva burocrática y consiguen sustanciosas subvenciones públicas. Montan una empresa con posibilidades de subsistir o simplemente un chiringuito que dure el tiempo imprescindible para que la Administración pague las ayudas, que no suele ser corto, y después ya se verá.
Pero no siempre fue así de fácil o de efímero. En la primera mitad del siglo pasado llegó a la provincia de Lugo mucha gente joven procedente del Bierzo y de las comarcas occidentales de León y Zamora, con pocos recursos pero con muchas ganas de emprender cualquier profesión que ofreciese una vida algo más llevadera. Muchos empezaron por la base y acabaron montando sus propios negocios y convirtiéndolos en empresas de referencia en la ciudad.
Una de esas personas fue Julio López Rebollal, que en 1958 llegó de Villafranca y comenzó a trabajar en un almacén de coloniales que distribuía levadura para el sector de la panadería. En 1974 la empresa cerró, pero él ya conocía bien el sector y decidió seguir adelante con su propio negocio. Hoy el apellido se perdió pero sigue dando nombre a la firma Distribuciones Rebollal e Hijos, que abrió hace dos años la tercera página de su historia con la incorporación de un nieto del fundador.
Ahora la dirigen Ricardo López, su hermana María Belén, y Samuel López, hijo del primero. Siguiendo la línea marcada por el fundador, se especializaron en la distribución al por mayor de productos básicos para la pastelería, y en menor medida también para la panadería.
La empresa ocupó un bajo de 120 metros cuadrados en la avenida de As Fontiñas. En esos años la plantilla la formaban tres personas y tenían una única furgoneta para hacer el reparto en la ciudad y en el resto de la provincia. Hace unos 17 años dieron un gran salto al trasladarse a una nave de 700 metros cuadrados en O Ceao. Ahora trabajan 11 personas y la firma tiene una flota de media docena de furgonetas.
En estos momentos atienden a cerca de 300 clientes en toda la provincia, según señala Ricardo López.