Bucear entre los restos de los naufragios que rodean la Torre de Hércules


En el oceáno Toni se siente en su elemento. Mucho más desde que recibió su primer equipo de buceo como premio al finalizar octavo de EGB. Contaba con 14 años. «Iba con mis amiguetes, éramos tres o cuatro», cuenta de sus primeras inmersiones a pulmón. Cumplían un rito: bajaban al mar que le quedaba «al lado de casa», en la pequeña playa de As Lapas, junto a la Torre de Hércules.

Es una buena zona para los amantes de la pesca submarina, «con muchas cuevas y recovecos» donde se esconden los tesoros de la mar. Rocas que tienen nombre, pero también arrecifes artificiales de infausto recuerdo. No hace mucho se acercaron a los restos del petrolero Mar Egeo. «Está colonizado por los animales, se ven los hierros retorcidos; sería muy peligroso intentar entrar», cuenta el portero pronista. De aquella marea negra el mar se recuperó, «pero aún lo hace del Prestige», y él lo sabe bien, pues mantiene viva la época de esplendor. No es el único pecio. «Está el barco del chino, del que cuenta le leyenda que se hundió con el cocinero de esa nacionalidad. Ahí hay muy buena pesca», desvela.

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