El pedagogo que Lugo desconoce

Cristina López

LUGO

Con su obra «El maestro de Zaín», Dolores Seijas ha rescatado del olvido al que fue inspector jefe de enseñanza primaria en la ciudad durante 22 años: Luis Soto Menor

10 sep 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Luis Soto Menor fue uno de los muchos profesionales de la enseñanza represaliados por el régimen franquista. Al igual que muchos de sus compañeros, la suya era una historia desconocida, hasta que su nieta la recuperó del olvido y la contó en la novela El maestro de Zaín.

Soto Menor llegó a la capital lucense en 1914. En la ciudad empezó a frecuentar la tertulia de la cafetería del hotel Méndez Núñez, en el que compartía conversación con amigos como Juan Comas. También fueron muy habituales sus artículos en diarios como La Provincia, y en revistas como Vida Escolar y La Unión del Magisterio. Escribía sobre los temas más variopintos como la infancia, la defensa del turismo o las piscifactorías. Muchos de esos artículos aparecían firmados como el maestro de Zaín, el lugar de Ourense en el que Luis Soto Menor nació.

Participó en el Estatuto

Luis Soto participó en la redacción del Estatuto de Galicia; sin embargo, conforme se iban desarrollando los acontecimientos y con todo lo que estaba ocurriendo en 1936 no tenía ninguna esperanza de que saliese adelante. Desde su vivienda en la calle de la Reina sintió caer las bombas sobre la ciudad y vio cómo una de ellas destrozaba la fachada principal del Palacio del Obispo. También en su casa tuvo conocimiento del asesinato en Palas de Rei de Camilo Díaz Baliño. Fue el 14 de agosto de 1936 y solo unos meses antes había estado hablando con Luis Soto Menor.

El 31 de agosto de ese mismo año vio la luz una circular del Gobierno Civil, firmada por Ramón Bermúdez de Castro, en la que se decía: «Haciendo uso de las facultades que me han sido conferidas, he dispuesto que don Luis Soto Menor cese en el desempeño del cargo de inspector jefe de primera enseñanza, nombrando para el ejercicio de dicho cargo a don Joaquín García Ojeda».

Estancia en la cárcel

Según cuenta su nieta, de su paso por la cárcel Soto recordaba el día que se llevaron al médico Rafael Vega Barrera. Aunque algunos de sus amigos trataron de convencerlo de que se fuera con ellos a México, no quiso dejar a su familia en Lugo y por eso no abandonó la ciudad. Las penurias económicas que tenía que soportar su familia durante el tiempo que pasó en prisión la llevaron a cambiar de piso, mudándose a uno situado en la ronda de la Muralla. Además tuvieron que deshacerse de muchas propiedades.