Patinadores de toda España se reúnen en Lugo para mostrar la otra cara de este deporte
18 jul 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Cuatro ruedas, una tabla, ganas de correr, de volar, de triunfar y de que el público alucine con los trucos. Estos conceptos podrían ser aplicados a los pilotos de Fórmula 1, a los conductores de rally o a los que alguna vez en su vida han hecho una carrilana. Sin embargo, los skaters le añaden un tercer factor, las ganas de por un momento escapar del mundo que les rodea. Ser alguien distinto, demostrar que la sociedad no va con él. Si ésta sigue un curso, el skater se monta en su patinete y pone rumbo hacia otro distinto.
Así lo están demostrando este fin de semana los aficionados y profesionales del monopatín que se han dado cita en las pistas de Frigsa. Se trata del certamen internacional de grafiti y patinaje «Style Fighters» (Luchadores de estilos). Una competición en la que se busca el mayor dinamismo en movimientos, las figuras más perfeccionadas y el estilo más depurado. Sin embargo, para la mayoría de los que acuden, esta cita es algo más que un mano a mano entre los mejores.
El skate (patinaje en monopatín) es entendido por muchos de los que lo practican como una vía de escape. La sociedad no les gusta, o, al menos, no las injusticias que se cometen día a día. Dicen que sobre la tabla son capaces de olvidarse de todo. Es como una fusión entre dos objetos, el cuerpo y el patinete, que hace que todo quede a un lado por un momento.
Son conscientes de que a lo largo de la historia se ha asociado el patinaje a las drogas. Sin embargo, algunos como David Martínez afirman que su única droga es el patinete. Con él se desahoga cuando tiene problemas en su trabajo, cuando se sube a la tabla siente que esta no sólo le transporta físicamente, también espiritualmente. Por eso cuantos más problemas tiene, más practica.
Pero este certamen abarca más escenarios que el de las pistas de patinaje. Justo al lado de éstas se encuentra un edificio viejo, casi en ruínas, que el Concello de Lugo ha cedido para acoger la competición de grafiti. Para los que lo practican, esta técnica podría reconocerse como un arte urbano. Para los que lo observan puede ser tachado de vandalismo. Consiste en pintar paredes con esprays de colores y hacer dibujos en ellas. Lo conocido como pintada. Sin embargo, en algunos casos ha dejado de ser afición para convertirse en trabajo. Manuel, por ejemplo, reconoce que en sus primeros años se dedicaba a hacer pintadas. Simples dibujos de un sólo color. Ahora, en cambio, dice que lo suyo es un arte. «Consiste en hacer algo bonito, que vaya más allá de la pintada y que la gente lo admire».
Arte callejero o vandalismo, cada persona lo identificará como desee, pero, para estos chicos, el patinete y el spray son, simplemente, una forma de escapar de una sociedad que, afirman, no va con ellos.