Hace dos años que Ana López abandonó su trabajo en una constructora de Lugo y se marchó como misionera laica a Bolivia, en donde participa en siete proyectos solidarios
07 may 2009 . Actualizado a las 02:00 h.En el 2007 Ana López trabajaba con un contrato fijo en una constructora de Lugo, pero decidió dar un cambio radical a su vida y marcharse a Bolivia como misionera laica vicenciana. La familia y los amigos le decían «que non sabía o que facía», recuerda. Dos años más tarde, esta joven lucense -tiene 30 años-, licenciada en Empresariales, acaba de regresar por primera vez a casa para pasar un mes de descanso, ya que en unos días regresará a su labor solidaria en Sacaba, «un pobo» de 80.000 habitantes y 50 de comunidades rurales en el corazón de los Andes bolivianos.
El tiempo le ha dado la razón. «Non teño cartos nin propiedades, pero non me falta nada [...]; teño un traballo apaixoante, no que damos un pouquiño e recibimos moitísimo máis», afirmó Ana, que es seglar dentro de las Juventudes Marianas Vicencianas, a las que pertenece desde niña.
«As seguridades que cremos que temos non son tan seguras, se me quedara en Lugo hoxe probablemente estaría na calle. O fixo non era tan fixo», confiesa Ana, que habla con la misma pasión de los siete proyectos en los que participa activamente. Todos son especiales. Desde «Sigamos» -su misión es ayudar a niños discapacitados en una «realidade complicada», en la que la discapacidad se ve «como un castigo»-, a «Imaynalla kasanki» (en quechua), que apoya a niños en riesgo de exclusión social. Además de apoyo escolar y ocio, los pequeños reciben una merienda que sirve de apoyo nutricional, en un territorio en el que las necesidades son enormes. Un centro médico parroquial, una guardería, un proyecto de artesanía y promoción de la mujer, y una pastoral penitenciaria son otros.