El Concello dejó de ser el panadero de los pobres de Monterroso

Benigno Lázare

LUGO

Los industriales consiguieron anular una iniciativa única entre los ayuntamientos

24 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Durante un corto período de tiempo, el Concello de Monterroso se convirtió en el panadero de las personas necesitadas del municipio. Sin embargo, y para simplificar, la oposición de las tres panaderías existentes acabó con una iniciativa que parcialmente aún se mantendrá unos meses pero tiene fecha de caducidad. El alcalde, Antonio Gato, saca hierro al asunto y afirma comprender las razones de los industriales, sin embargo sigue convencido de que era una iniciativa bonita, además de rentable para las arcas municipales.

Dado que, en colaboración con el Banco de Alimentos, el organismo municipal hace repartos periódicos de todo tipo de artículos, algún monterrosino menos comprensible con la actitud de los panaderos señaló que, si los supermercados mantuviesen la misma actitud, no sería repartido ningún alimento entre las personas necesitadas. Hay que tener en cuenta que tanto el pan como los demás productos proceden de excedentes de empresas.

Dentro de la colaboración con el Banco de Alimentos, el Concello envía periódicamente a Lugo una furgoneta a recoger los alimentos que le proporciona, procedentes de excedentes de las empresas. Una de las firmas colaboradoras es Ingapan, que aporta pan que solo necesita una cocción breve. También con la colaboración de la empresa local Alibós, el Ayuntamiento lo almacena en su cámara frigorífica e inicialmente lo destinaba a las 60 personas que acuden al centro de día y que reciben la comida a domicilio. La lista de beneficiarios fue elaborada por los servicios sociales, en función de los recursos y de la situación personal.

Inicialmente, el pan era cocido diariamente en pocas cantidades en le horno del propio centro de día. Como una vez al mes o en períodos más espaciados el Concello reparte los alimentos entre las personas necesitadas del municipio, el alcalde consideró que podrían aprovechar su presencia para entregarles también pan recién hecho. Habló con responsables y con el director del centro penitenciario y acordaron que lo cocerían en los amplios hornos que hay allí. Llagaron a hacer dos hornadas, pero fue entonces cuando surgieron las protestas de los panaderos de la villa.