Los tres goles firmados por el pívot ante el Guadalajara propiciaron la remontada del Azkar en un partido trascendental
07 abr 2009 . Actualizado a las 11:28 h.Decía la semana pasada Juan Werner que estaba convencido de que, ni por asomo, iba a terminar la temporada con los nueve goles que llevaba hasta entonces. Cifra que dejaba insatisfecho a quien debería ser una de las claras referencias ofensivas del Azkar, contagiado, quizás, de la escasez realizadora que ha acompañado al equipo en esta temporada. El pasado sábado, por fin, se sacó de golpe toda la rabia contenida, recuperó el escurridizo olfato realizador, y con un triplete, un hat trick, le dio la vuelta a un encuentro en el que se habían atascado, y que supuso una victoria trascendental para el inmediato futuro de los lucenses en la competición liguera. Con la euforia del momento, sus compañeros se olvidaron de la tradición no escrita, de firmar el balón y regalárselo. «Ni cuenta nos dimos -dice el jugador-. Aquí a lo único que había que estar era al partido, el más importante de la temporada, como Bruno García nos había recalcado».
Al final de los 40 minutos, el propio entrenador pronista tenía palabras de felicitación para el pívot madrileño. «Hablamos bastante», confiesa Werner. La falta de gol se había convertido en el principal lastre para él, aunque lo sobrellevaba sin obsesionarse, dejándose la piel sobre la cancha, aunque sin fortuna ante la portería contraria. «Bruno [García] siempre me tranquiliza, los dos sabemos cómo va esto, y al final parece que es cosa de rachas», explica.
Sus tres goles llegaron en el momento indicado. «No estaba siendo nuestro mejor partido fuera de casa, no nos encontrábamos cómodos, y cuando nos metimos en el vestuario lo comentamos», recuerda. Parece que la conjura en la caseta resultó efectiva, pues Werner tomó el timón goleador y tanto a tanto, rompió la resistencia local y de media chilena puso el 3-4 que daba la victoria. «Y nos permite seguir luchando por entrar en el play off. De lo contrario, estaríamos fuera», admite.
Para gloria de «su» Peña
En el Pabellón de Guadalajara se formó el delirio en los asientos con los goles del madrileño, y no sólo por los aficionados pronistas que en buen número allí se desplazaron, sino por la Peña que sigue a Werner por los campos de España. Caso insólito en el fútbol sala nacional. «No me lo explico. Allí se juntaron cuarenta o cincuenta personas, y ya era la tercera vez que venían a un desplazamiento. ¡Y que lo hagan más veces!, porque siempre hemos ganado», cuenta el jugador. «Aparecen y desaparecen», señala. En las tierras alcarreñas vestían camisetas con el lema Werners Original, y no pararon de animar a su protegido.
Sin romper las leyes de la magia, hay interés por concitar en el Pabellón Municipal el influjo positivo que sobre los hados parecen tener los peñistas. «¡No nos venía mal!», bromea Werner. Y es que el próximo partido en el coliseo lucense se jugará contra el Carnicer, otro duelo clave. «Porque les dejaríamos fuera de esta lucha» por el play off, recuerda el jugador.