«A ver si me ayuda el Obispado»

LUGO

El párroco de Santa María de Muxa se enfrenta a una multa de 15.023 euros por permitir enterramientos durante un tiempo en la ilegal ampliación del cementerio

26 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El sacerdote Inocencio Alfonso Dorado habla suave, mira con profunda serenidad y se preocupa de que lo que dice no le siente mal a su interlocutor. «No se enfade, pero no le puedo decir nada, porque de todas estas cosas se ocupa el servicio de prensa en el Obispado». Está seguro de que allí recibirá el periodista la información que demanda sobre la situación en la que se encuentra la clausurada ampliación del cementerio de Santa María de Muxa, donde Alfonso Dorado es párroco. El informador pregunta, pese a todo, cómo hará el sacerdote para hacer frente a los más de 15.000 euros de multa que le impuso la Xunta y ratificó, mediante desestimación de su recurso, el Tribunal Superior de Xustiza de Galicia: «A ver si me ayuda el Obispado», señala confiado.

Es casi la una de la tarde. El periodista se acerca a la iglesia de Santa María de Muxa y trata de pegar la hebra con tres vecinos (dos mujeres y un hombre) que conversan mientras hacen tiempo. Pero en cuanto se apunta el espinoso asunto del cementerio, no tienen ganas de hablar y remiten al cura, que -dicen- está en la iglesia. Y así es. La puerta del templo está entreabierta y, dentro, a punto de marcharse, el párroco Inocencio Alfonso. Hechas las presentaciones, el plumilla pregunta, que para eso está allí; bueno, empieza a plantear el asunto cuando, muy amablemente, el representante de la Iglesia señala que este asunto debe ser consultado con el servicio de prensa del Obispado. «No se enfade», dice el padre Inocencio. No, claro que no; no cabe el enfado. Pero sí un pelín de insistencia. ¿Están enfadados los vecinos por la situación en la que se encuentra el cementerio?

Intentos

El párroco de Santa María de Muxa habla despacio, con mucha calma: «No sabría decirle». Vaya, que cada uno piensa a su manera y, en Galicia, ya se sabe, es cuestión peliaguda averiguar qué piensa cada uno. Tampoco por esta vía sale nada en claro. El padre Inocencio camina hacia la salida del templo. Antes de cerrar la puerta, vuelve al interior y desconecta un enchufe. Ahora echa la llave y camina por el atrio hacia la calle. Último intento: ¿Cómo hará para pagar la multa? El sacerdote calla un momento y dice: «A ver si me ayuda el Obispado». Tan amable como ha sido en los brevísimos minutos de conversación, el párroco se despide y el periodista se compromete a llamar al servicio de prensa del Obispado. Aún una pregunta más: ¿Hay alguna asociación? No, que sepa el párroco.

Puesto a seguir la indicación del sacerdote Inocencio Alfonso, toca llamada, cuando la mañana llega a su fin, a la responsable de prensa del Obispado, que recoge las preguntas que se le hacen. ¿Hay alguna gestión con respecto al cementerio de Santa María de Muxa? ¿Ayudará el Obispado al párroco a afrontar los más de 15.000 euros de multa?, que le fueron impuestos por los enterramientos en las construcciones ilegales. Al otro lado del teléfono, la voz de la responsable del servicio de prensa del Obispado adquiere el compromiso de llamar en pocos minutos. Lo hace. Respuesta: «No tenemos nada que decir. Procuramos respetar la legalidad vigente». De poco sirven los intentos de conseguir alguna aclaración, alguna información que transmitir a los lectores y especialmente a los vecinos de la parroquia de Santa María de Muxa. Nada, pese a la insistencia, no hay más información.

Individualidad

En la parroquia parece que no hay muchos vecinos dispuestos a hablar del asunto. A uno de ellos se le preguntó, ¿cómo resuelven el problema ante la clausura de la ampliación del cementerio?. «Cada un como pode» fue la respuesta. Y no parece que vaya a haber cambios a corto plazo.