El desempleo como argumento

LUGO

La precampaña electoral, animada por varias ministras, tiene en el paro el gran portagonista de la batalla política

08 feb 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

Por los caminos de Lugo circulan estos días ministras y secretarios de Estado y traen con ellos el leve rumor de las moquetas del poder. Vienen las ministras a inaugurar obras y exponer proyectos, a buscar el amparo del aplauso que amortigüe el ronco tronar de la crisis; vienen, sí, y visitan obras y desgranan proyectos, pero tras ellos y ellas queda en la calle un escepticismo de parado, un indefinible malestar, un punto de congoja frente a una tiempo sin certezas. Es esta que corre una (pre) campaña electoral extraña, de crisis y paro, de empresarios que van y vienen de un candidato a otro buscando soluciones que no acaban de encontrar. Es una campaña en la que el aspirante Ricardo Varela , conselleiro de Traballo, busca en la calle el tú a tú con el ciudadano y una inmigrante le dice: «Estamos bien, bien... Pero no hay trabajo». O, como dijo, Arthur C. Clarke, «el futuro ya no es lo que solía ser».

La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez , trajo a Lugo el proyecto del nuevo puente sobre el Miño, en San Lázaro, y mientras lo presentaba la crisis se llevaba más puestos de trabajo. La coyuntura económica devalúa el interés del puente como infraestructura y le añade valor como generador de empleo. La ministra de Medio Ambiente, Elena Espinosa , inauguró la necesaria planta potabilizadora, y la calidad del agua se volvió cuestión secundaria ante la expectativa de los puestos de trabajo que pueda generar la segunda fase de las obras de la traída. El paro es el gran argumento electoral; es la pesadilla de los que concurren a los comicios autonómicos bajo las siglas de los partidos con responsabilidades de gobierno (PSOE y BNG). La crisis es internacional, pero las responsabilidades se dirimen en el campo de lo inmediato. Al socialista Ricardo Varela, veterano sindicalista convertido en conselleiro de Traballo, la sonrisa se le volvió otra cosa en A Milagrosa. «Estamos bien, bien... Pero no hay trabajo», le dijo la inmigrante a la que entregó propaganda.

Los sindicalistas de ayer aspiran ahora a mantenerse en el poder, se esfuerzan por conservar despacho y coche oficial, tan largamente deseados. La vía sindical también conduce al cielo del poder. Nada hay de sorprendente en el interés demostrado por algunos miembros de la Policía Local lucense por el sindicato del conselleiro Varela. En la historia española hubo un tiempo en el que fuera de la fraternidad sindical había muy pocas posibilidades de traspasar la barrera y habitar en el territorio de los jerarcas.

Mientras algunos representantes de los funcionarios municipales piden la mediación del Valedor do Pobo, en otros ámbitos consistoriales brotan, según parece, las devociones ugetistas como trabajadas flores de invernadero. Al frente de la Policía Local puso el alcalde Orozco al ex sindicalista José Rábade , que es hombre con probada capacidad para delegar. El ex sindicalista Rábade delega lo que cree conveniente en el director general de la Policía Local, Darío Diéguez . Delega incluso, por la vía del silencio, en el nacionalista Lage la réplica a las críticas del popular Enrique Rozas a la reestructuración de la Policía Local, que es asunto que dará mucho que hablar y paseará durante largo tiempo por las largas veredas del territorio judicial. La Policía local, de cambio en cambio, de reestructuración en reestructuración, es casi tantas veces noticia como lo son en Lugo los peatones atropellados. Ser peatón en Lugo es condición de alto riesgo, es entrar en un sorteo rico en premios; ser peatón en Lugo es jugar a la ruleta rusa con un coche metido en el tambor del revólver del azar. Lugo, ciudad mínima y escasamente agitada, es un ámbito peligroso para el caminante, territorio hostil para el viandante. Si no cae un peatón en Ramón Ferreiro, cae en la avenida de A Coruña; cuando la noticia no ocurre en As Fontiñas está en la calle Tui.

Son días difíciles e inciertos. Son estas vísperas electorales una pasarela de ministras que traen a la provincia de Lugo el aire cansado de un Gobierno al que agita la crisis. Tiempos difíciles, sí, también para el Partido Popular lucense presidido por Barreiro , atrapado entre las espadas de los rivales políticos y la pared que a sus espaldas levantó el ourensán Carrera Pasaro . Tiempos difíciles, sí, en los que crece el número de quienes comparten la opinión de Evelyn Waugh: «Sólo con que los políticos y los científicos fueran un poco más vagos, cuánto más felices seríamos».