Cada época del año es más propicia para un tipo de visitantes, pero en verano la mezcla de nacionalidades es habitual
08 ago 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Un nutrido grupo de scouts de una agrupación portuguesa intercambiaba vivencias con dos peregrinos brasileños a la entrada del albergue de Portomarín. A pocos metros un grupo de jóvenes madrileñas se interesaba por las molestias que había ocasionado la caminata a dos italianos. Esa imagen, cambiando las procedencias, es la más habitual todos los días del mes de agosto a las puertas de los distintos albergues públicos del camino.
A lo largo del año cada estación, en muchas ocasiones incluso sólo unos días señalados como puentes, Semana Santa o Navidad, suele caracterizarse por la presencia de romeros de una determinada nacionalidad, pero en agosto la tan nombrada multiculturalidad del camino es más patente que nunca.
Los primeros meses del año, hasta bien entrada la primavera, suelen ser patrimonio casi exclusivo de visitantes extranjeros, puntualizando todavía más enero es casi patrimonio de los orientales. En primavera predominan más los romeros de distintos puntos de Europa y desde que comienza el verano es el momento preferido por los españoles para coger la mochila y mezclarse con el resto de visitantes de todas las procedencias.
La mezcla de culturas y nacionalidades confirma que es posible entenderse salvando todo tipo de barreras. Nadie se escaquea cuando hay que ayudar a cualquier compañero de ruta ni mira de que procedencia es o cuáles son sus creencias. Agosto es por tanto el mes más masificado, pero también el que más refleja el espíritu jacobeo.