Es poco probable que Jesucristo fuera afín a la cerveza o a salir de noche hasta altas horas, pero en las madrugadas del reducto romano de Lucus Augusti, Jesucristo se ha tomado esa licencia -y muchas más- mientras paseaba, apesadumbrado, su cruz por calles y bares. Para confirmarlo están los cientos de personas que salieron el sábado por la noche a lucir túnica o, simplemente, con la ingenua intención de tomar algo en cualquier bar y lo vieron en semejante tesitura.
Desde primera hora de la madrugada, la entrada en los bares de Clérigos, Rúa Nova o Praza do Campo era casi un imposible, a pesar de que la calle también estaba plagada de romanos, algunos muy adelantados a su tiempo. Es el caso del actor Luis Tosar, que paseaba por la calle de la Cruz vestido de vaquero de arriba abajo; o de un grupo de monjes benedictinos que, en Lucus, permitía ya la ordenación de mujeres.
Así, mientras bares y pubs rebosaban gente y condensación de olores, decenas de parejas se casaban junto al Ayuntamiento, al ritmo de bucólicas melodías celtas y después de cruzar un arco de hiedras. Las bodas romanas, que se celebraron en las escaleras del Obispado dieron paso al concierto de Mutenrohi, que un grupo de estudiantes letonas amenizó con su presencia, de manera altruista (y seguramente inconsciente), levantando el ánimo de muchos de los asistentes.
Y aunque los romanos consiguieran invadir Lucus, no pudieron con Obélix que lanzó su menhir a la Cohors Lucensium cada vez que se acercaban.