Otro golpe moral al zurrón celeste

Raquel González / M. Álvarez

LUGO

La afición del Breogán llenó de colorido el Multiusos de Cáceres, pero tuvo que conformarse con cambiar el ascenso a la ACB por una nueva decepción

01 jun 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Ilusión y ganas de sonreír y vivir una alegría imborrable llenaron la madrugada lucense. Los autobuses cargados de aficionados inundaron las calles de Lugo y reemplazaron sobre el asfalto de la histórica ciudad a los camiones de la basura y los usufructuarios de la noche. El destino que se alzaba ante los emocionados hinchas estaba marcado desde el pasado verano: la Liga ACB con parada doble en Cáceres. Pero catorce horas después de apuntar el timón hacia Extremadura, la decepción y la resignación daban un golpe a los sueños.

Ascender a la élite del baloncesto se ha convertido en algo muy caro. Tal vez la crisis del ladrillo abarate el peaje para regresar a la máxima categoría. Pero el Breogán, junto con el Alicante, fue el primer conjunto en sellar el objetivo marcado en el pasado período estival con un «no apto». La fidelidad de la hinchada celeste quedó de manifiesto en el Multiusos de Cáceres. Tan sólo la representación numérica del Bruesa se aproximó a la magnitud del ejército lucense. Pero la cantidad no fue suficiente en una tarde en la que el Leche Río se tiñó de gris, para no desentonar con las nubes que se agolparon sobre Extremadura.

Christian Martín, que tiene 17 años y es socio del Breogán desde que era un bebé, lamentaba amargamente las flojas prestaciones que el equipo lucense mostró en el ecuador de la contienda: «El segundo y el tercer cuarto fueron desastrosos. Sería injusto que el Breogán hubiese ganado este partido, porque el Bruesa fue superior en todo momento salvo en el primer cuarto». Duro palo para los más fieles a la religión celeste.

Luis Souto, que viajó a Cáceres en autobús junto con su esposa y su hija, achacaba a un bajón progresivo el resultado cosechado por el conjunto lucense el día más esperado: «Empezamos muy bien. Los primeros minutos fueron casi perfectos. Pero en el segundo cuarto bajamos en defensa y creo que al equipo le afectaron los nervios. Desde la grada, hemos presionado todo lo que hemos podido».

Ruleta rusa

El sistema de competición ha querido que la pistola se cargue con tres balas en la final a cuatro de Cáceres, y Alicante y Breogán han sido los primeros en recibir un proyectil. Inesperados tropiezos, más aún el del Costa Blanca, que provocan que la campaña se cierre con el cartel de fracaso para ambos. Juan Méndez, consejero del Leche Río, opinaba que «es triste que en un partido se juegue toda la temporada. El ascenso a la ACB debería ser el premio a la regularidad. Pero nos ha salido un mal encuentro y nos hemos cargado el curso cuando contábamos con un equipo para ascender». Palabras que encierran un halo de misterio de cara al futuro próximo del Leche Río.

Y si la afición del Breogán se distinguió por un comportamiento modélico a lo largo de la primera jornada, los más suspicaces, que desconfiaban de la eterna e infundada conspiración arbitral, se quedaron desnudos y sin argumentos ayer en Cáceres. Christian Martín aseveraba que los colegiados «no tuvieron nada que ver en nuestra derrota. Es una pena que la gente que se ha desplazado no pueda ver una final protagonizada por el Breogán. Fuimos la afición más numerosa y la que más ha apoyado a su equipo. Sin duda». Orgullo de una hinchada herida pero incansable, que ahora debe recuperar fuerzas e ilusión para regresar con bríos renovados el próximo ejercicio.

La temporada del Leche Río se cerró de un plumazo después de un año en el que la regularidad y consistencia del equipo ha dado algunas alegrías y una postrera decepción. La ACB tendrá que esperar de nuevo. Uno de los históricos del baloncesto nacional se quedará en el escalón de plata una campaña más. Pero el corazón de una afición que ha sufrido mucho a lo largo de las últimas campañas sigue latiendo con pulso firme. Y la próxima ruleta rusa podría favorecer a los celestes.