Pocos problemas tuvo el Breogán para deshacerse ayer de un La Palma muy débil que demostró por qué es el colista. A los lucenses les bastó con dar pequeños golpes de autoridad, aunque un juego deslavazado estuvo a punto de costarle algún susto en el último cuarto. El Breo parecía que retenía una marcha en ataque, aunque el La Palma ponía su empeño en defensa para conseguir ese efecto. De todas formas, aunque la imagen era de protagonismo de los esquemas defensivos, la realidad decía que los porcentajes anotadores eran altos. O lo que es lo mismo, que esa presión era más visual que efectiva: de mentirijillas y rayando en cierto desorden, por las facilidades para encontrar hueco. Quizás los lucenses podían echar algo de menos la jerarquía de Devin Davis en el rebote, pero con la superioridad en el juego desmotraron una vez más su potencial. El ritmo quería marcarlo el Breogán, que se encontraba con un La Palma tal y como había pronosticado Paco García: con desparpajo y sin notar, al menos de inicio, los peligros del abismo clasificatorio en el que se encuentra. La pauta era local, pero los visitantes no se escondían (con alguna facilidad defensiva que ellos también concedían), y si no llega a ser por cierta descoordinación en su parcela ofensiva, demasiado individualista, la igualdad hubiera sido mayor. Eso sí, a los locales les bastaba apretar un poco más los dientes para aumentar su renta, con el capítulo anotador muy difuminado. La superioridad era manifiesta, aunque en la anarquía nunca se descartan las posibilidades de sustos. En ese reparto de responsabilidades que dio Paco García a sus jugadores destacaba el duelo interpretativo que en la dirección de juego regalaban Dani López y Nacho Ordín. Este último incluso se permitía regalar un triple desde casi nueve metros. Pero también llamaba la atención la tranquilidad con la que el joven Daniel Clark, con sus inmensos brazos, entraba en juego, o corría la cancha: su primera acción, un mate en el que demostraba su agilidad. Tercer cuarto En el tercer cuarto, el Breogán, por si quedaba alguna duda de que era mejor equipo, rompió el partido. No hizo falta subir el ritmo. El La Palma se desmoronaba. Desaparecido Arrocha, su bastión anotador en la Liga, apenas encontraba referentes en ataque, y los celestes se lo hacían pagar aumentando la ventaja hasta más allá de los 20 puntos con un esclarecedor parcial de 14-0. A partir de entonces, el criterio desapareció de la cancha. Sólo la seriedad habitual de Kickert o Morley ponía el contraste, porque el La Palma dijo entonces que se encontraba feliz, y con un parcial de 4-18 en el último cuarto (73-65), ponía ciertos nervios. No se contagiaron.