Reportaje | El culto religioso en la capital El nuevo periodo de esplendor que vivimos inicia su gestación en 1937
03 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.VIERNES SANTO, 3 DE ABRIL DE 1942. La Procesión del Santo Entierro, única existente, discurre por la plaza de España. Por primera vez la imagen de la Virgen de la Soledad es portada por penitentes con capuz de la Hermandad del Santo Entierro, primera cofradía creada en Lugo. VIERNES SANTO, 31 DE MARZO DE 1945. Penitentes de la Hermandad del Santo Entierro portan el paso del Cristo Yacente. La urna que lleva la imagen fue una donación a la VOT de la reina Isabel II por la gentileza que los terciarios tuvieron con ella durante su visita a la ciudad. La actual Semana Santa lucense no ha sido siempre tal y como la conocemos hoy en día. Este nuevo período de esplendor que actualmente vivimos inicia su gestación en 1937 y se presenta en sociedad en 1942, consolidándose durante esta década y la siguiente. Pero antes de profundizar en todo esto, se impone obligatoriamente hacer un breve repaso de su historia desde los inicios. La representación escénica y el culto público de los principales misterios de la vida de Cristo fueron introducidos en el pueblo cristiano de todo el orbe por la Orden Franciscana. Con anterioridad al siglo XVII, los claustros del antiguo convento de San Francisco son el escenario en los días de Semana Santa de las principales ceremonias. Las devociones fomentadas por los franciscanos, como la de la Virgen de la Soledad, sirven de germen de las futuras procesiones cuando, conforme al orden litúrgico y al modo introducido en otras ciudades, se las desposee del carácter que tenían dándoles la expresión propia de la calle. Gradualmente, la responsabilidad de la organización de las celebraciones empieza a trasladarse de la Orden de Menores (PP. Franciscanos) a la Venerable Orden Tercera de San Francisco (VOT). Desde el momento de máximo esplendor de la VOT lucense que comienza con la inauguración en 1698 de la capilla de la Soledad, propiedad exclusiva de la Orden. Todos los desfiles procesionales son organizados con las debidas licencias únicamente por los terciarios, partiendo siempre de la mencionada capilla. En el convento se seguirán celebrando otras antiquísimas ceremonias propias de la Semana de Pasión, como el Acto del Desenclavo. Las procesiones existentes en la antigua Semana Santa lucense fueron tres, enumeradas a continuación por orden de aparición: la del Santo Entierro, la de la Virgen de la Soledad y la de la Virgen de los Dolores. La Procesión del Santo Entierro se celebraba con anterioridad a 1840 (fecha de la primera fuente escrita de que se dispone) todos los días de Viernes Santo, saliendo ininterrumpidamente desde este período hasta la implantación de la Segunda República, régimen político durante el cual fue suspendida en los tres años de gobierno de la izquierda a causa de la persecución religiosa. Idéntica cronología puede aplicarse a la Procesión de la Virgen de la Soledad, que discurría en silencio la noche de Viernes Santo, y a la Procesión de la Virgen de los Dolores, que se organizaba con anterioridad al año 1885 el Domingo de Ramos, como broche final de la Novena en honor a la Santísima Virgen de los Dolores que hasta ese momento solía celebrarse en la Capilla de la Soledad de forma que terminase siempre ese día; a partir de la citada fecha, la VOT acuerda que dicha novena comience siempre el jueves de la cuarta semana de Cuaresma para hacer coincidir su término con el propio día de Viernes de Dolores. Al sumarse la ciudad de Lugo al Bando Nacional desde los inicios de la Guerra Civil Española, en 1937 se restablece definitivamente la Procesión del Santo Entierro el día de Viernes Santo. Los lucenses tendrán que esperar hasta 1951 y 1965 para volver a ver desfilar nuevamente las procesiones de la Soledad y de los Dolores. Causas El factor determinante del nuevo renacer que se empieza a vivir en los años 40, junto con la efervescencia religiosa del momento, es la llegada al convento franciscano del P. Miguel Quecedo, nuevo Guardián elegido en el Capítulo Provincial de 1941 y Consiliario de la VOT, quien desde el primer día se fija como meta engrandecer la Semana Santa con la fundación de todas las cofradías penitenciales posibles, la adquisición de nuevos pasos y la salida de más desfiles. En pocos meses, Fray Miguel consigue reunir a un grupo de seglares, principalmente oficiales del ejército, que en 1942 serán los primeros 12 penitentes con capuz, que portando a hombros las imágenes del Cristo Yacente y de la Virgen de la Soledad. Había nacido la Hermandad del Santo Entierro que 5 años después, con la adquisición del paso titular, se rebautizaría como Cofradía del Desenclavo del Señor, primera de las tres cofradías que en esa década se crearon.