Crónica | Conservación del patrimonio arqueológico Los objetos de oro, plata y bronce aparecidos en las excavaciones de este verano reciben un tratamiento que los protege y los hace apreciables por los visitantes
19 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Viladonga acaba de regresar de una nueva expedición en busca del tesoro. El grupo formado por jóvenes llegados de toda España y por expertos que coordinaban los trabajos terminó hace varios días su tarea, con un variado botín que sin duda ha proporcionado sentido a su trabajo y dará a curiosos y estudiosos un nuevo aliciente para visitar el castro y el museo. Una pieza de oro, otra de plata y cinco de bronce son una parte importante del material aparecido. Trasladada a una olimpiada -conviene recordar que hablamos de un yacimiento relacionado con el mundo romano, que a su vez bebió de las fuentes griegas-, sería una cosecha más que estimable. Colocada en el año 2005, es una colección que se limpia y se cataloga en el museo con sumo cuidado. El oro no sólo es precioso y además valioso. Carolina Pérez, conservadora, explica que ese metal no se corroe aunque precisa mucha atención para que no se raye ni se doble. Parece lógico suponer, con la cautela que implica un estudio de este tipo en su fase inicial, que la pieza de oro formó parte de la decoración de una joya del período castreño. Pérez recuerda que la existencia de yacimientos de oro era una de las razones, aunque no la única, que movían a los romanos a conquistar un territorio. ¿Podemos, pues, colocar la etiqueta de made in Galicia hace 2.000 años? Pérez prefiere ser prudente y no aventurarse. El objeto de plata es una moneda, mientras que el bronce se reparte entre cinco monedas, dos piezas decorativas -una de ellas, con decoración concéntrica en el exterior, pudo pertenecer a un broche o a un cinturón- y un botón. El deterioro del bronce es mayor -las aleaciones acusan más el paso del tiempo-, por lo que el trabajo actual consiste en la creación de una pátina artificial, lograda con un tratamiento químico, y en la consecución de temperatura y de humedad idóneas para su conservación. El resultado, conservar el patrimonio prehistórico, satisface tanto, sin duda, como una medalla de oro, plata o bronce en una olimpiada.