Crónica | Buscando el encanto Artistas del este se instalan en Lugo después de recorrer media Europa con sus instrumentos. Un local, en el barrio de A Ponte, es testigo cada noche de su sonido
17 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando Vadím fue expulsado del conservatorio de música de Minsk, supo que abandonaría Bielorrusia. A penas tenía 21 años. La capital eslava era entonces un lugar gris, en donde los sueños solían terminar dentro de una botella de Vodka. Una dictadura casi eterna, inamovible, convertía al nuevo país en un lugar plagado de corrupción y miedo, en el que los jóvenes caminaban con la cabeza gacha. Pero Vadím tenía una ilusión por cumplir y mil problemas de los que olvidarse. Su sueño de ser director de orquesta se había esfumado, y no dudó en agarrar su acordeón y abandonar todo para recorrer Europa. Aún no podía imaginar que terminaría en Lugo. Su primera parada fue Alemania. Allí hizo sonar su viejo instrumento a cambio de unas monedas que le proporcionaran cama y comida caliente. Pero la frialdad de los atardeceres en las plazas de Baviera le helaba el alma. Así que recogió su petate y se agarró a un tren que viajaba a París. Quizá los puentes del Sena fueran un lugar mejor para un músico. La estancia en París resultó más breve de lo esperado. Demasiados músicos, demasiada gente caminando por la calle apresurada, demasiada soledad. La suerte cambió cuando llegó a Barcelona, las cosas empezaron a ir mejor. La calidez del clima y de la gente ayudaron a levantar el ánimo. Vadím se juntó entonces con otros músicos que había conocido durante su viaje; Yury, su amigo en el conservatorio de Minsk, y con el que se encontró en Valencia, fue el primero en llegar. Más tarde lo hicieron el clarinetista Oleg, y Anatoly, su compañero en la Orquesta Sinfónica de Volgogrado. Fue entonces cuando nació Stranniki (trotamundos en ruso), un cuarteto musical formado por un contrabajo, un clarinete y dos acordeones. La historia de Vadím pasó entonces a convertirse en la de Stranniki y sus componentes. «Juntos recorrimos España tocando por las calles, lo hicimos en todas las capitales de provincia excepto en Madrid y Ciudad Real», recuerda el músico. Los kilómetros empezaban a hacer mella en los componentes de Stranniki, así que cuando se cansaron de viajar decidieron alquilar un pequeño piso en Oviedo, desde allí empezaron a tocar por Galicia. Pronto Lugo se convirtió en su destino preferido. El cuarteto, poco a poco, fue haciendo más vida en la ciudad hasta que un día decidió abandonar Asturias y trasladarse. La vida fue separando los destinos de los componentes de Stranniki; Anatoly se casó y se fue a vivir a Santiago, hace dos años un derrame cerebral terminó con su vida. Oleg simplemente se marchó. A pesar de todo, el grupo sobrevivió. Fueron llegando nuevos músicos, Shasa y Andreas lo hicieron de Rusia, Totó se incorporó desde la capital lucense. Con el tiempo, se fueron cumpliendo viejos sueños; Stranniki pudo grabar un disco en el 2004, durante una actuación en la Radio Galega. En la Navidad del mismo año nació un nuevo proyecto: Jaraxó, un local con el que Yuri y Vadím veían cumplida una ilusión. Jaraxó es un acogedor bar que se encuentra en la carretera vieja de Santiago. Stranniki y otras bandas dan vida al local con su música. La luz de las velas convierte el lugar en un rincón mágico. Yuri y Vadím tienen 28 años, ambos tiene pareja en Lugo y llevan un lustro instalados. Colaboran en varios proyectos con músicos de Galicia y grupos de teatro ( El encanto de Lugo ). Vadím imparte clase a jóvenes en el conservatorio. No dudan en afirmar que su sitio se encuentra aquí.