La directora del IES Perdouro de Burela fue cesada tras una sanción laboral a la Xunta
LUGO
?a Inspección de Trabajo impuso una sanción de 301 euros a la Consellería de Educación por cometer una infracción, catalogada como grave, al mantener en el instituto de secundaria Perdouro, de Burela, a una persona realizando labores de administrativa, sin contrato y sin dar de alta en la Seguridad Social. Esta situación, denunciada por la CIG en el año 2004, supuso el cese de la directora del centro, Ana Robles Fraga, con fecha del pasado viernes. La CIG dio cuenta ayer de los últimos acontecimientos en una comparecencia en la que apuntó que, en caso de que se mantuviera el mismo delegado de Educación, a éste también tendrían que abrirle un expediente, al igual que a la directora. El secretario de acción sindical del personal funcionario de la Xunta de la CIG, Gerardo Alvaredo, apuntó que esperaba que su organización no tuviera que recurrir a la Inspección de Trabajo por otras infracciones laborales cometidas por la Xunta. «Os xestores -dijo- débense o interese público e aos cidadáns e teñen que respectar a legalidade vixente». Respeto a la legalidad Según la CIG, «a constatación da actuación ilegal dunha persoa no exercicio das súas funcións de xestor público -en alusión a la directora, que es familiar del ex presidente de la Xunta, Manuel Fraga- debería conlevar a apertura dun expediente que depurara responsabilidades e resolvese sancións». Esta organización según apuntó Alvaredo, no tiene intención «de perseguir e castigar a ninguén, o único que queremos e demandamos desde o principio é que as persoas que representan á Administración actúen con escrúpulos respecto da legalidade e ao interese público». La CIG recuerda que cuando denunció los hechos en octubre del año 2004, la Consellería de Educación «avalou aos infractores e tentou desacreditar á CIG, pretendendo culpabilizar a quen denuncia unha ilegalidade para apoiar a quen a comete». Según la organización nacionalista, «se no seu momento o anterior delegado provincial de Educación tivese atendido as nosas demandas, en vez de apoiar a unha persona que no exercicio das súas funcións de xestor público comete ilegalidades, o problema teríase resolto sen necesidade de intervención xudicial e sen terlle dado a dimensión pública que acadou». Este caso llevó aparejada una denuncia por prevaricación, que llegó hasta la Audiencia Provincial, pero que no prosperó.