Elecciones

JOSÉ RAMÓN ÓNEGA

LUGO

TRIBUNA | O |

17 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

DICEN las crónicas que las elecciones de la Cámara fueron un film de Hitchcock. Duraron dos días, hubo más colas que en un partido del Barça, muchos no pudieron votar, otros tuvieron que esperar una eternidad, y hasta se cortó la luz. Fueron lentas, amenazadas y reclamadas. O sea, de suspense. La democracia es diosa veleidosa y matrona inconstante: se acuesta con quien le gusta. En la Cámara se disputaba el poder pero falló el procedimiento. Ya lo dijo Ortega y Gasset: «La salud de las democracias, cualquiera que sea su tipo y su grado, depende de un mísero detalle técnico: el procedimiento electoral. Todo lo demás es secundario». No se apenen los sufridos miembros de mesa ni los sagaces comerciantes lucenses. La votación para elegir a Bush fue peor y los fallos comprometieron la credibilidad del sistema electoral americano. En Italia, en las elecciones del 2001 se acumularon más errores que corbatas tiene Berlusconi. Así que no hay porque desesperar. La democracia es lenta, sufridora y llena de espinas pero siempre llega. En las generales del 2004 llevé a Pol un avanzado ensayo de votación electrónica pero se perdieron las elecciones. Por eso no me atrevo a recomendar, como pensaba, a Alfredo Mosteirín que cambie de procedimiento. Sólo que lo mejore. Gestionar elecciones es siempre un riesgo, y ganarlas un milagro.