Reportaje | Celebración de la promoción de 1954 Un farmacéutico de Pozuelo, que estudió en el Lucus Augusti, recogió vivencias y anécdotas de los estudiantes que llegaron al centro poco después de abrirse
14 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?studiantes de Bachillerato del Instituto Masculino de Lugo del curso 1954/1955 celebraron recientemente diversos actos con motivo del 50 aniversario de su promoción. Uno de estos ex alumnos, Desiderio Álvarez Arias, que actualmente ejerce como farmacéutico en Pozuelo, tiró del recuerdo y deleitó a sus ex colegas con un anecdotario de vivencias de la época. Por aquellos tiempos aprobar por la cara era imposible. De todos modos Desiderio recuerda que los estudiantes contaron con la «valiosa colaboración de un plantel de profesores que era todo un lujo». El farmacéutico no quiso pasar lista, «para no caer en la ingratitud del olvido», sin embargo aseguró que no podía resistir la tentación de referirse a «don Delio, prototipo del amor al oficio; don Lázaro, gracias al cual llegamos a saber un cerro de literatura; don Froilán, de mejorables dotes pedagógicas pero siempre en busca de la justicia; a Fraguas, don Antonio, que además de ser un pozo de sabiduría tenía, por añadidura, la virtud de enseñarla y, para colmo, tocaba la mandolina». La nómina de profesores de aquellos tiempos la completan Glicerio, Alfredo y Luciano, Charo Torbiso, Sofía Piñeiro, Cesáreo Fouz... Entre los alumnos estaban José Luis Valcárcel, examinador de Tráfico durante muchos años y gran amante de la caza; Ángel Quiñoá, que fue secretario del Concello de Lugo; el traumatólogo José Couceiro; el cardiólogo de Zaragoza, Carlos Vázquez Rodríguez... No están todos en la lista porque ésta sería muy larga. El farmacéutico Desiderio Álvarez recordó, con motivo del cincuenta aniversario algunas anécdotas. Una de ellas fue una excursión que hicieron a A Coruña para ver un partido del Deportivo y el Madrid. Algunos alumnos prefirieron irse a «bares de mala nota» y también a algunos de la calle del Orzán. «De regreso, hecha ya la noche oscura, cuando alguien aliviaba por la ventanilla del autobús el exceso trasegado, otro alguien aquejado del mismo mal, unas ventanillas más atrás se quejaba de que xa está orvallando». Recuerda también este alumno el café Monterrey de aquellas épocas y sus «manchados», lo mismo que el Iravedra, «con más de lo mismo»; las cuestas del parque, «tan propicias y sugerentes»; la muralla «con vistas de infarto a zonas comúnmente llamadas de pecado». Los recuerdos afloran en otro de los alumnos de la promoción, Antero Ferreira: «El bodegón Orensano al que acudíamos a cantar y tomar una jarra de vino. El local tenía algunos letreros famosos como el que decía: 'se cantas, non cantes e se cantas mal, vai cantar á casa'». Los guateques organizados en algunos locales, las escapadas al salón de baile de Rábade, los escotes para ir al cine... Son recuerdos de los 50.