La seis Un octogenario de Láncara fue juzgado por disparar contra un vecino con el que mantenía una vieja polémica por el deslinde de una finca
24 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Medio siglo de disputas entre dos familias de Láncara por los lindes de una finca culminaron ayer con un anciano de 87 años sentado en el banquillo de la Audiencia Provincial, acusado de dispararle con una pistola a dos convecinos, padre e hijo. El siguiente episodio aún no tiene fecha. La vista fue suspendida por enfermedad de la forense, después de que declararan José Tallón Álvarez , el acusado; José Santamaría Armada y su hijo José Manuel Santamaría Vázquez ; la esposa del primero y madre del segundo; el abogado José Soto Carballada y el perito Óscar Heras , entre otros. Estos últimos estaban realizando una medición de la finca. El fiscal pide para el anciano dos años y ocho meses de cárcel y la acusación particular, que califica los hechos de dos tentativas de homicidio, diez años de cárcel, a los que suma un año y seis meses por tenencia ilícita de armas y otros cinco años de alejamiento de las víctimas. El mismo día en que ocurrieron los hechos José Tallón fue trasladado a la unidad de agudos de paiquiatría de Calde, donde estuvo ingresado. Según señala el fiscal en su escrito, le diagnosticaron un episodio depresivo grave, sin síntomas psicóticos, que le mermaban la capacidad intelectiva, pero conservaba la volitiva. El octogenario dijo que no se acordaba de que hubiera una discusión previa con sus vecinos, aquella mañana del 11 de abril del año 2001. Insistió en que le estaban robando terreno de su propiedad y que trató de impedirlo disparando lo que definió como una pistolita. A preguntas del fiscal aseguró que se había encontrado el arma en el Camiño da Agra, pero no sabía exactamente cuándo. Inicialmente dijo que desconocía si el arma funcionaba o no y si estaba cargada, para admitir más tarde que no quería hacer daño. Todos cavando El anciano admitió que llevaba 50 años de desavenencias con sus vecinos por culpa de la finca. Parecía responder con precisión a preguntas sobre cosas ocurridas hacía años, como que había pasado cuatro años en el servicio militar, en tanto que no recordaba que había estado últimamente en el Xeral, para admitir a renglón seguido que lo habían operado de unos pólipos. Más preciso en su declaración fue José Santamaría Armada, quien dijo que estaba con su esposa e hijo cavando en la finca cuando se personó Tallón que entró en su propia finca. Se marchó y volvió y esperó en su finca a que se acercaran, con una mano en el bolsillo. Cuando estuvieron próximos, según dijo, sacó la pistola y le apuntó a la cabeza. Él se quedó paralizado. El que reaccionó fue su hijo, que forcejeó con el vecino y lo inmovilizó hasta que el abogado consiguió sacarle el arma. En el forcejeo se disparó la pistola, pero no alcanzó a nadie. Tras el accidente José Santamaría Armada sufrió una fuerte depresión, de la que aún se encuentra a tratamiento. Estuvo incapacitado para sus ocupaciones durante 180 días. El testigo relató que habían tenido muchos problemas con esa familia, ya desde dos generaciones anteriores. Dijo también que su suegro había ido a cortar unas zarzas a la finca, después del incidente, y se encontró con Tallón que lo regó con una manguera y lo mojó por completo. El abogado contó al tribunal que se encontraba en la finca con la familia y con un perito haciendo unas mediciones. Llegó Tallón en una primera ocasión y le oyó decir algo relacionado con que no le robaran la propiedad. Puntualizó que en aquel momento no estaba aún muy alterado. Se golpeó con una piedra Después de este primer encuentro el letrado relató que se había quedado expectante ante la posibilidad de que Tallón regresara con una hoz. Posteriormente lo vio en el linde de la finca , esperando, hasta que sonó el disparo. Él corrió a arrebatarle el arma. El hijo de su cliente ya lo había reducido con anterioridad. Una mujer que cuida a Tallón y a su esposa y una vecina coincidieron en señalar que llevaron al anciano a un bar de Láncara a que se tomara una tila porque lo encontraron muy nervioso. También recordaron ambas que el encausado cogió una piedra de una pared y se golpeó en la cabeza. Una ambulancia lo recogió y lo trasladó al Xeral, poco después.