Su psiquiatra aseguró que lo hizo para huir de Chantada porque creía que lo iban a comer A los 16 años dejó de ser un chico modélico y empezó a consumir drogas
04 mar 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?l joven coruñés Jorge G.C., de 19 años, quien el 22 de julio del año 2003 secuestró a una pareja en Chantada, amenazándola con una navaja para que lo llevara a Monforte, padece un trastorno esquizofreniforme. Sufría, según su psiquiatra, un brote psicótico cuando cometió los hechos. Relató que el muchacho, por su enfermedad, creía en aquel momento que todo el pueblo de Chantada estaba en complot contra él, incluida su abuela y su prima, y que lo que querían era matarlo para comérselo. Jorge G.C. fue un niño brillante hasta los 16 años, en que empezó a cambiar y a tomar drogas. Dijo al tribunal que consumió éxtasis, cocaína, heroína y hachís. Los síntomas de su enfermedad fueron confundidos con la rebeldía típica de un adolescente. Según relató el mismo, se había ido a vivir con su abuela a Chantada porque sus padres lo habían echado de casa. Explicó al tribunal que quería irse de esta localidad porque sentía un complot contra él de todo el pueblo. Se dirigió a la estación de autobuses, pero no se subió a ninguno porque veía que la gente lo miraba mal y que querían hacerle algo y pensó además que el conductor no le dejaría subir. Cuando vio a la pareja de novios dentro del coche aparcado les pidió si lo llevaban a Meixide y se montó con ellos en el coche. Relató que tenía la sensación de que le iban a hacer algo y por eso sacó la navaja y se la colocó en el cuello al chico y les dijo que había cambiado de opinión, que irían a Monforte. Por el camino les pidió dinero para gasolina. La chica le dio unas monedas. Explicó que la chica se bajó en Monforte y que el obligó al joven a seguir conduciendo. Cuando llegaron a A Rúa la Guardia Civil los apuntó con una pistola y él se tiró del coche, saltó la vía del tren y se escondió en la zona del río. Comentó que no se entregó a la Guardia Civil porque pensaba que estaban también en el complot y no efectuó declaraciones en el juzgado por el mismo motivo. Según contó, su familia lo llevó al psiquiatra y empezó un nuevo tratamiento. Durante los primeros meses seguía sintiendo la misma situación de conjura, hasta que después se dio cuenta de que ésto había sido en su cabeza, pero no en la realidad. El fiscal rebajó la pena a dos años y seis meses de cárcel por cada uno de los dos delitos de detención ilegal y dos años más de prisión por el robo con violencia. La defensa demandó tratamientos ambulatorio.