?nselmo Rodríguez no opuso resistencia a los vecinos que entraron en su casa después de que apuñalase a su madre. Pero tampoco entregó el cuchilo. Uno de los que llegaron se acercó a él por detrás, lo inmovilizó con sus brazos y de un golpe le tiró el cuchillo al suelo. Mientras, la madre estaba encogida en el suelo y pedía ayuda. La pareja de agentes de la Guardia Civil que se presentaron en la casa llegaron con porras por si era necesario emplearse con violencia para reducir a Anselmo. No fue necesario, para entonces ya había entrado en el mutismo en el que parecía seguir ayer. Los vecinos coinciden en que el presunto parricida de Alfándiga nunca había dado problemas graves. Algunos dicen que desde agosto se había vuelto especialmente arisco y pasaba días enteros metido en su casa. «A súa nai dicía sempre que era que lle doían os cadrís», recordaban ayer. El funeral por Carmen Martín será a las cuatro y cuarto de hoy en la iglesia parroquial de Tuiriz.