Crónica | El colofón de las patronales Lugo fue durante una semana centro de atención en toda Galicia y el Domingo das Mozas ejemplificó sus tradiciones, traje gallego, mercado, música y pulpo
13 oct 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Que el San Froilán está consiguiendo en los últimos años proyección en Galicia y a nivel nacional es una evidencia que se constató en el último fin de semana de las fiestas. Ni la lluvia pudo disuadir la llegada de cientos de vehículos que buscaban cualquier espacio para aparcar, estuviese o no prohibido. Las fiestas han llegado a un punto en que los problemas e inconvenientes que surgen, los festeiros no lo notan y toman las calles en busca de algo, un concierto, un puesto de artesanía, un cabezudo, una tapa o un señor que toca el birimbao. El Domingo das Mozas fue una exaltación de la fiesta popular, con sus ingredientes más apreciados. En los entrantes hubo una exhibición de traje regional, en la que los ediles de la corporación fueron ejemplares. Ver a Manuela López Besteiro , Branca Rodríguez Pazos o José Ramón Gómez Besteiro ataviados con trajes gallegos llamó la atención al público, como si de un acto del programa de fiestas se tratase. El primer plato consistió en una Feira Medieval que ni la lluvia fue capaz de echar abajo. Un búho real tuvo mucha culpa del éxito del mercado, aunque Mini e Mero y sus cantares de ciego ayudaron a que la feria se asiente cada año con más apego popular. El segundo plato no podría ser otro que el pulpo. Las casetas tuvieron colas hasta las cuatro de la tarde. Ni Emilio Pérez Touriño , junto a sus diputados lucenses, se quiso perder esta tradición, que tiene visos de convertirse en sagrada para cualquier persona que viva el San Froilán. Eso sí, antes de hincarle el diente al cefalópodo, el secretario general del PSdeG jugó a la tómbola y tiró bolas a una rana, en competición con el alcalde José López Orozco , que hizo de anfitrión y no dio a basto saludando a la gente. De postre estaban La Niñas y para el café y la copa debería aparecer Aute y su «De alguna manera tendré que olvidarte», pero fue verdad que se quiso olvidar de los lucenses. Es igual, cientos de personas se congregaron, nunca mejor dicho, junto a la Catedral para escuchar un sonido musical. Pero tanta felicidad y éxito no puede tapar la realidad, las prácticas molestas. Precios abusivos en algunos locales y en alojamientos de la ciudad, falta de control en las barracas del ferial, reclamaciones que se lleva el viento, raciones de pulpo escasas, accesos a la ciudad caóticos, falta de aparcamientos, robos por falta de seguridad, o actuaciones de poca entidad, entre otras cuestiones, pueden enturbiar la fama que el San Froilán se ha ganado y que ha conseguido que por unos días Lugo y sus vecinos sean centro de atención en Galicia.