Tras el ritual de la pegada de carteles, Orozco, Cacharro, Barreiro y otros dirigentes socialistas y populares coincidieron en el Centro e intercambiaron saludos corteses
09 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.El viejo café Centro, con su aire de café histórico y macho, que se niega tozudamente a afeminarse en cafetería, fue por un rato, en la noche serena del estreno electoral, consistorio de concejales en potencia, refugio de candidatos tras la inaugural pegada de carteles. En la madrugada del viernes, cuando las caras de papel aún conservaban en la praza Maior la sonrisa húmeda de la cola, los guerreros, algunos guerreros de las más grandes banderías de la hermosa batalla de las urnas, se acogían al amparo del veterano café lugués para intercambiar impresiones con los escuderos fieles. Al fondo, en grupo mínimo, el nacionalista Xosé Anxo Lage compartía esa hora de la primera noche electoral con los amigos de su partido chico que se hace grande en el BNG. A la corta distancia de dos filas de mesas, el grupo más numeroso era el socialista, con el alcalde y candidato reflejado en el espejo de la pared. José López Orozco sonreía, filósofo y un punto coñón, al recordar cómo animó a los suyos, todo banderas del PSOE, a gritar «Lugo, Lugo, Lugo» cuando los otros se dejaban las gargantas en proclamar sus siglas y sus candidatas. Alguien, que no era de la guerra electoral, comentó que frente al mar de banderas socialistas y al bosque de retratos de la aspirante nacionalista, Branca Rodríguez Pazos , los solos gritos de «Manuela, Manuela» dejaron a López Besteiro desprotegida y como a la intemperie en el ritual del reto partidista. La oficina móvil del PP compitió con ventaja con tres coches del PSOE, que para eso es más grande, pero las banderas de la izquierda inquietaron a más de un popular de los que no ven claro el futuro traducido en votos. En grupo cerrado, junto al ventanal del café Centro, Cacharro , curtido en mil contiendas electorales, y el conselleiro Barreiro , que es presidente del PP lugués, compartían noche, quizá también alguna experiencia, con aspirantes primerizos a escaños municipales. Y cuando los socialistas se levantaron, Orozco y los populares intercambiaron un saludo nocturno y sonriente. Opciones distintas Tras pegar los carteles, mientras unos se acogían al amparo del viejo café, otros desandaban el camino hacia sus casas, como los populares Méndez , Estévez y Lamas , tan fieles a la causa de los suyos incluso en la hora de la despedida. Bajo la mirada de papel de los candidatos, a esa hora de la madrugada la praza Maior reemplazaba el grito electoral por el de la movida que desmonta papeleras y vuelca contenedores. Mientras en el suelo de la plaza carteles y pasquines recordaban las iras de Irak y del Prestige , el viejo Centro era un espacio de calma en la agitación electoral.