Miles de estudiantes participaron durante toda la jornada de ayer en la tradicional fiesta de Fingoi, una de las celebraciones universitarias más populares de los campus gallegos
09 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.?A carballeira é nosa. Se non nola deixan, conquistámola». En términos bélicos se expresaron algunos de los estudiantes que ayer acudieron a la madre de todas las fiestas universitarias, la de la carballeira. Está considerada como una de las celebraciones estudiantiles más populares de los campus gallegos. Acudieron miles de jóvenes, quizás más de cinco mil, pertrechados con todo un arsenal bebible y fumable. Fue un botellón gigante. La «toma» de la carballeira fue por las buenas aunque por sorpresa para el Concello. Ni Branca Rodríguez Pazos, la primera teniente de alcalde, ni tampoco el edil responsable de la Policía Local, Francisco Fernández Liñares, tenían constancia oficialmente de la fiesta. Ninguna organización estudiantil pidió permiso. Si lo hubiese hecho, a buen seguro no lo obtendría porque la fiesta no es vista con buenos ojos por los vecinos de la zona. «É curioso que os que protestan son os que viven a nosa conta todo o ano. Hai que ter cara», manifestó un estudiante que aseguró que pagaba, con otros tres, 350 euros por el alquiler de un piso en la zona de Fingoi.Ayer, tras la peregrinación inicial al lugar, el posterior asentamiento y la influencia del alcohol, que corrió en abundancia, los efectos colaterales se apreciaron en la gran cantidad de desperdicios que quedaron en el lugar. Algunos vecinos se quejaron de que sus edificios fueron elegidos como urinarios. La Policía Local recibió algunas llamadas pero en las últimas horas de la tarde no se habían producido mayores problemas. El envase oficial No hubo palco, ni tampoco bar. Cada uno se lo montó como pudo. Los envases de plástico grandes de agua, que habitualmente acaban en la basura, en los últimos días cotizaron al alza. Constituyeron el recipiente oficial de la fiesta. Aunque parezca lo contrario, cinco litros de calimocho o cubata, no daban para mucho. Hubo quien dejó casi a cero de cerveza las estanterías de algún supermercado. Para hacer el transporte no dudó en llevarse el carrito metálico hasta el mismo escenario festeiro. Sólo estuvo vetada la entrada al festejo a la Cabreiroá. La Fanta estuvo reservada para los cubatas o el calimocho. Los estudiantes ya lo saben: «en la Carballeira, tío, si no privas lo llevas crudo».Los más organizados y expertos en cuestiones logísticofesteiras encargaron con anterioridad cargamentos de sidra natural a un distribuidor de Taramundi que ayer vino a Lugo con un camión para servir el pedido.A la hora de la comida, los cuadros del tradicional mantel de mamá se cambiaron por los de las mantas y cobertores sintéticos que cumplieron, además, otra función no menos importante, la de permitir algún que otro revolcón.«Esto é coma as comidas da terceira idade pero de novos», dijo un paisaniño que pasaba por el lugar. Quizás no le faltase razón aunque en éstas hay canutos y en las del Inserso no. El costo (hachís para los que no se enteren) circuló de la mañana a la noche, a tenor de las fragancias que flotaban entre los carballos.También flotó en el ambiente el no a la guerra y el Nunca Máis. De hecho circularon algunas banderas pero el personal estuvo más preocupado de divertirse que de otras reivindicaciones que tendrán que esperar mejor momento.El ambiente fue caldeándose, pese al bajón de la temperatura. Entre música de gaitas, pandeiros y el alcohol, pasadas las seis de la tarde comenzaron a aparecer los primeros colocones. No faltó quien trepase por los carballos. Algunos, los más alocados y suicidas, atravesaban los semáforos en rojo o se metían delante de los coches.Hoy es día para dormir la mona, para marchar a casa y empezar las vacaciones y también para comprobar el estado en que quedó el lugar de la celebración. Seguro, como ya sucedió otros años, que los empleados de Urbaser tendrán que hacer horas extras para hacer limpieza y acabar con los restos del gran botellón.