Concejales, gobierno de la ciudad y espectadores

La Voz

LUGO

ENRIQUE G. SOUTO EL PULSO DE LA CIUDAD La sesión plenaria celebrada ayer por la corporación municipal no duró ni cinco minutos

04 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

-¿Pódese pasar? Sí, claro que podía pasar al salón de plenos del Ayuntamiento el lucense de boina y paraguas interesado en seguir de cerca la vida municipal. Él quería ver a los concejales en acción. Pero no pudo ser. Llegó diez minutos tarde y el pleno ya era un recuerdo. -Pero, ¿houbo pleno? Houbo, si. Cortiño, pero houbo. El pleno celebrado ayer por la corporación municipal fue un remedo de pleno, un pleno enano con un orden del día anoréxico; el pleno de ayer fue un cachondeo apoyado en la legalidad vigente. Cuatro asuntos de puro trámite. Eso fue la sesión de ayer. Lo más serio fue el minuto de silencio en recuerdo de la lucense muerta recientemente en un episodio más de violencia doméstica. Luego, claro, vino el cachondeo fino. El PP, por boca de su concejal Ramón Arias, puso a pan pedir al gobierno local. Que si asistimos a un nuevo episodio de la farsa que representa el equipo de Orozco, que si socialistas y nacionalistas son incapaces de presentar un solo proyecto, que esto acabará por dejar a la ciudad en muy mal lugar. Y así. Arias, el concejal tranquilo, va cogiendo ritmo como jefe de la oposición a medida que se agota el mandato y pronto estará en condiciones de optar a la presidencia del PP en Lugo. Por ejemplo, vaya, por ejemplo. Y es que la presidencia del PP de Lugo se acompasa bien, como es sabido y está demostrado, con el cargo de consejero de la TVG y añadidos. De momento, Arias se está estrenando para ser un opositor ligeramente duro. «Tienen que empezar a pedir ayuda», le dijo ayer al gobierno local. El PSOE habló por boca de su experto en relaciones públicas, el socialista Besteiro. El pleno fue -dijo- una obligación legal; las críticas de la oposición, injustificadas, porque, si quieren debatir, que presenten mociones. Y así. El señor del paraguas, sacó la boina del bolsillo y se fue. «Pois vaia pleno», decía.