Los técnicos decidirán al terminar si derruyen los inmuebles contiguos, los números 36 y 38 de A Rinconada Ayer fue martes, es decir, día de mercado. Y eso supone cierta animación matutina en A Tinería. Pero lo de ayer fue distinto. El ruido lo ponía una máquina desescombradora y, además de potenciales clientes y laboriosas mujeres, lo que había en el entorno de Porta Miñá eran curiosos. Miraban, sin disimular su agrado, cómo la pala recogía los cascotes y otras lindezas de la «tripa» de la casa junto a la puerta del barrio del Carmen, un edificio víctima del fuego hace unos ocho años, y de las ratas desde mucho antes.
03 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El Ayuntamiento ordenó a su brigada de obras actuar inmediatamente en el número 50 de la calle Tinería. En un tiempo fue casa, ahora sólo restos y mucha porquería. Está junto a la puerta de la muralla que pasa por ser la más fiel a la original, Porta Miñá. Y ahí, la pala comenzó a primera hora de ayer a retirar cascotes, basura, malas hierbas, incluso algún árbol crecido en esas condiciones, y otros elementos difíciles de reproducir. Tras esto, el muro «barrigudo» que aún se mantenía en pie junto a la muralla tenía el mismo aspecto de ruina, pero menos de peligrosidad. La sentecia fue la de derruirlo, para lo que la máquina tuvo que ser sustituida por el trabajo manual, ante la proximidad del monumento. «Esta casa ardeu hai oito anos, e a propietaria tiña a obriga de desescombrar. Non o fixo, e o Concello ten que actuar de forma subsidiaria ante a situación, preocupante polo perigo de que o muro se desplomase sobre os peóns ou os coches que entran na Tinería», explicó el concejal de Urbanismo, José Ramón Gómez Besteiro. La acción del agua agravó la situación en los últimos meses. Pero fue el abandono de años el que permitió que incluso la muralla tuviese que soportar un peso a primera vista excesivo, aunque eso deberán aún calibrarlo los técnicos. Éstos, pertenecientes a la brigada de obras municipal, a la oficina local de rehabilitación y a la Consellería de Cultura, vigilaron las labores de desescombro. Los trabajos continuarán posiblemente durante los próximos dos días, tras lo cual, los técnicos deberán decidir si también se derrumban los edificios 36 y 38 de la Rinconada do Miño. El aparejador municipal detectó un grave deterioro en el muro que comparte ese número 36 con la casa que se comenzó a derruir. Los lucenses que observaban ayer los trabajos esperan que el veredicto que se pronuncie al terminar con la pala sea idéntico al del muro: tirar y limpiar.