«Las tierras de Sober tienen un peso muy importante en mi novela»

Francisco Albo
francisco albo MONFORTE / LA VOZ

SOBER

Eleonor Gil en la presentación de su novela en la biblioteca de Sober
Eleonor Gil en la presentación de su novela en la biblioteca de Sober JAVIER ÁLVAREZ CARNERO

La autora presentó en esa localidad su libro «La hora de las golondrinas»

07 nov 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

La escritora Eleonor Gil presentó recientemente en la biblioteca de Sober su segunda novela, La hora de las golondrinas, que está ambientada en buena parte en este municipio. La autora, que publicó anteriormente la novela Huellas, no es natural de la comarca de Lemos, sino madrileña, pero mantiene una estrecha relación con Galicia, ya que la familia de su marido es originaria de Hortás, en la parroquia de Santo Estevo de Anllo. De esta localidad es nativa la protagonista de su novela.

—¿Su anterior novela también está ambientada en Galicia?

—No, el escenario de Huellas está en El Escorial y no tiene relación con Galicia. El origen de La hora de las golondrinas está en mi interés por la historia de las minas gallegas de wolframio y todo lo que está asociado a ellas. La novela tiene mucha relación con esa historia. En la comarca de Lemos no hubo minas de wolframio, sino de hierro, y por eso la historia que cuenta la novela transcurre también en lugares donde sí las hubo, como Vila de Cruces. Pero las tierras de Sober, y más concretamente Hortás, tienen mucho peso en la novela, porque la protagonista y su familia son de este lugar. En este sitio, además, se produce un descubrimiento muy importante para la trama de la novela. Me he esforzado para que la narración refleje con fidelidad la geografía, la historia y el ambiente de los lugares donde transcurre. Utilicé mucho mi propia experiencia, porque tengo una relación muy intensa con Galicia desde hace veintiséis años y conozco bien la Ribeira Sacra, el Camino de Santiago, Ourense, Vigo, la isla de Ons...

—¿Su libro se puede encuadrar en algún género novelístico concreto?

—Es una pregunta que me hago yo, pero no sé muy bien cómo responderla. Se podría decir que en parte es una novela histórica, porque la narración se sitúa en varias épocas. Creo que la podría describir más bien como una historia romántica de aventuras, porque eso es lo que quería que fuese. Me gusta definir esta novela como «damesca», una palabra que no está en el diccionario de la Real Academia Española, pero que sería como el equivalente de caballeresco, porque la protagonista es una dama que se mueve por ideales como los caballeros andantes y que lucha por la justicia y la verdad.

—¿Cuáles son sus referentes como lectora y como autora?

—Como lectora son muy clásica, muy aficionada a los autores de la generación del 98, a Unamuno y en especial a las novelas de Benito Pérez Galdós, que para mí es un autor de cabecera... Pero leo de todo o casi de todo y también me gusta mucho la poesía. Si tuviese que señalar un referente más concreto para lo que escribo yo, podría mencionar las novelas de David Trueba. Me parecen muy interesantes por su sentido del humor y de la aventura, y podrían servir un poco como un ejemplo de lo que pretendo hacer.

—Después de publicar estas dos novelas, ¿está trabajando ya en algún otro proyecto?

—Ahora mismo estoy terminando otra novela que espero que se pueda publicar antes de las Navidades y que se centra en la búsqueda de una biblioteca perdida formada por libros de alquimia y astrología que se supone que perteneció a Felipe II y que estaría oculta en algún rincón del monasterio de El Escorial.

—¿Tendrá también alguna relación con Galicia?

—No, en este caso no. Pero más adelante querría escribir otra vez sobre Galicia, porque aquí me han tratado siempre tan bien que me han quedado ganas de volver a hacerlo. Además, me gustaría seguir utilizando todo lo que conozco sobre Galicia para escribir mis historias. Lo que me haría mucha ilusión es que alguna editorial se animase a publicar una traducción al gallego de La hora de las golondrinas. Ojalá que esto se hiciese realidad, porque me parecería fantástico que la novela se pudiese leer también en la lengua de la tierra en la que transcurre la narración. Estoy muy acostumbrada al idioma, porque mi marido lo habla en casa, lo entiendo bien y también leo muchas cosas en gallego. Me encanta especialmente la poesía, porque la literatura gallega tiene una lírica maravillosa. Pero no me atrevería a intentar escribir en gallego, sobre todo por respeto a la lengua, porque no la conozco lo suficientemente bien como para eso.