A cornetazos contra el virus

Un vecino de Sober anima a sus vecinos tocando la corneta todas las tardes


Monforte

«Yo no sé tocar la corneta, pero me da igual». Antonio Oviedo no pretende pasar por músico, pero hasta este domingo salía puntual todos los días a las ocho de la tarde al balcón de su casa en Doade y se ponía a tocar. Quería animar un poco el confinamiento a sus vecinos en esta parroquia del municipio de Sober. Y lo mejor que encontró para conseguirlo fue la vieja corneta que su padre se trajo de la mili. Su sonido penetrante llegaba a lugares situados a más de kilómetro y medio de su casa, hacía aplaudir a algunos vecinos y hasta provocó a algún músico, este sí de verdad, que vive cerca y que acabó sumándose a estos breves conciertos diarios.

Antonio Oviedo se crio en el cinturón industrial de Barcelona, pero su madre era gallega y aquí lleva ya unos años. Vive en la casa de su familia en Doade y trabaja en Monforte, en un almacén de material de construcción. Igual que tantos otros, su empresa puso en marcha un ERTE y él está confinado en casa desde que el 14 de marzo empezó el estado de alerta. Un día vio por la tele que en las ciudades bomberos y policías salían algunas tardes en caravanas haciendo sonar las sirenas de sus vehículos. Entonces pensó que por qué no hacer algo así en Doade.

Que sonasen las campanas

En un grupo de Facebook en el que están muchos de sus vecinos propuso que se hiciesen sonar las campanas de la iglesia a las ocho de la tarde, pero no tuvo éxito. Así que se acordó de la corneta de su padre, fallecido hace cinco años. Ya había recurrido a ella en las fiestas parroquiales del año pasado. No había baile contratado, así que él y su hermano se pusieron a tocarla. Enseguida se les acercó un vecino inglés con un ukelele e improvisaron algo parecido a un concierto. «Hubo quien pensó que al final sí que había venido una orquesta», recuerda muerto de risa.

A Antonio Oviedo le importa poco que la corneta suene bien o mal. Lo único que pretendía era animar un poco las tardes a sus vecinos, sobre todo a los más pequeños. Él mismo tiene a sus dos hijos en casa. Al principio les daba apuro que su padre saliese a tocar la corneta al balcón, pero después ellos también perdieron un poco la vergüenza y se prestaron a grabarlo con sus teléfonos móviles para retransmitir en directo sus salidas diarias en su página personal de Facebook. Por los comentarios que le dejan sabe que había días que se le oía en lugares que están a una distancia considerable de Doade. «Me pareció que estaba bien hacer algo así en el pueblo, aunque solo sea para que los vecinos sepamos unos de otros, que seguimos aquí y que estamos bien».

Le respondieron con un saxo

Después de los primeros días, Antonio encontró respuesta. En Doade vive Cristina, integrante de la banda de música de Sober, que una tarde le echó humor y empezó a contestar con su saxofón a los desafinos de corneta de Antonio. Sus solos se convirtieron así en una especie de dueto divertido, en el que el saxo tocaba canciones como «El vals de las mariposas» y la corneta contestaba de cualquier manera, como un eco disparatado.

Pero desde este domingo Antonio ya no sale, porque Los niños ya no tienen que estar todo el día metidos en casa y pueden dar un paseo diario. Esos cinco minutos de buen humor ya hacen menos falta.

Antonio Oviedo no tiene ni idea de tocar la corneta y tampoco le importa gran cosa

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