La vida de las religiosas del monasterio de Ferreira se guía por el precepto de San Agustín «Ora et labora», que las 14 monjas de clausura siguen con máxima rigurosidad. A las 4 de la mañana las campanas llaman a la oración por primera vez.
01 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Esta acción se repite siete veces al día con estricta puntualidad. Las propias religiosas se encargan del mantenimiento del convento y de las numerosas obras de arte que allí se encuentran. La orden cisterciense a la que pertenecen es conocida por su austeridad y severidad. La jornada en el convento de Ferreira comienza a las 4 de la mañana. Las 14 religiosas y 2 novicias dedican, las primeras horas del día, a la lectura. El poco tiempo libre que las religiosas poseen por la mañana, lo dedican a la lectura espiritual y la oración personal. Tras el trabajo espiritual viene el trabajo manual, bien organizado y regido siempre por la obediencia. Se desarrolla en la sala de labor, a menos que la religiosa tenga encargado algún otro oficio especial, como los trabajos en la huerta, cocina, enfermería... La alimentación de las monjas de clausura suele ser ligera, pero lo suficientemente nutritiva para seguir trabajando por la tarde. Tras la comida, las religiosas cuentan con una hora de expansión o recreo, que generalmente dedican al diálogo u otros quehaceres personales. Se continúa entonces, con las labores manuales comenzadas por la mañana.