Treinta años después de su ampliación, nadie repara en el impacto visual de los depósitos del agua sobre el conjunto monumental de San Vicente
06 feb 2015 . Actualizado a las 05:00 h.El impacto visual de los depósitos que abastecen de agua al casco urbano de Monforte no pasó desapercibido a la empresa que se hizo cargo de este servicio tras el concurso convocado en el 2001. Aqualia, por aquel entonces Seragua, se comprometía en su oferta a camuflar los antiestéticos tanques de hormigón mediante un mirador. De aquella promesa, aireada con insistencia en su momento, nunca más se volvió a saber. La estampa de un búnquer incrustado en la ladera del conjunto monumental de San Vicente parece no sorprender a nadie en la capital de la Ribeira Sacra.
«A xente habituouse á imaxe dos depósitos no conxunto monumental. A forza de convivir con eles, de velos todos os días, xa non se lle dá importancia», reflexiona César Carnero, delegado de Patrimonio del Obispado de Lugo. Y, sin embargo, parece obvio que la tiene. «Algo habería que facer, dende logo. San Vicente ten a máxima protección», opina este experto.
Los depósitos del agua iban a ubicarse inicialmente en el Campo da Virxe, donde incluso se realizaron los desbroces previos para su construcción. Un cambio de planes de última hora motivó que se levantasen en su actual emplazamiento. Fue en dos fases diferentes, entre las que transcurrieron cerca de treinta años. Ambas esquivaron, curiosamente, las sucesivas medidas de protección de las que se benefició la antigua fortaleza de los condes de Lemos y el monasterio benedictino de San Vicente do Pino, ahora transformado en Parador de Turismo.
Doble protección
El proyecto de construcción del primero de los depósitos se retrasó como consecuencia de la Guerra Civil. Las obras se iniciaron, según parece, a comienzos de los años cuarenta. En abril de 1949 la vieja fortaleza pasó a ser Bien de Interés Cultural (BIC), al promulgar el Ministerio de Educación Nacional un decreto que amparaba a todos los castillos del territorio español. El segundo depósito se levantó, por otro lado, antes de la declaración, en marzo de 1973, de conjunto histórico-artístico para la totalidad del casco antiguo de Monforte, incluido por supuesto el monte de San Vicente.
Sin renunciar a una solución de futuro más ambiciosa, que exigiría la reubicación de los depósitos de la traída de agua, los expertos creen que se debería adoptar alguna medida de carácter provisional para atenuar su impacto. «Poderían cubrirse cunha malla que permitise algunha intervención de xardinería. Tapalos para esconder o formigón, que é moi visible nos meses nos que a vexetación escasea máis», sugiere César Carnero.
La construcción iba a ubicarse en el Campo da Virxe e incluso se desbrozó la zona
Los árboles que camuflaban una de las construcciones tuvieron que ser talados
El más antiguo de los depósitos construidos en el conjunto monumental de San Vicente estuvo rodeado hace años por plataneros que atenuaban el impacto visual del hormigón. Los árboles, sin embargo, tuvieron que ser talados, posiblemente por los riesgos que entrañaban para la conservación de las instalaciones. «Son variedades que se desarrollan rápido, pero la raíz es muy potente y busca el agua», explica un técnico. El Ayuntamiento destinó en el año 1998 tres millones de las antiguas pesetas al sellado de uno de los depósitos, en el que se había detectado la presencia de fisuras en las paredes. Las obras más recientes se llevaron a cabo coincidiendo con la construcción de la nueva estación potabilizadora. Conectaron ambos tanques para acabar con los habituales problemas de abastecimiento en los meses de mayor consumo. «Postos a fixar prioridades, pensamos que garantir un bo servizo aos veciños era o máis urxente», dice el alcalde.