TRIBUNA | O |
19 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SON MUCHOS los que no siendo de Monforte se han sorprendido o cuando menos intrigado por la costumbre que había en algunos barrios de sentarse en la calle cuando caía la noche y empezaba a refrescar. Unos -los que más- lo hacían para estar al fresco, otros para echar una parrafada con el vecino y otros para ver quien pasaba y tener la zona bien controlada. Yo crecí en el barrio del Morín. Esa era una de las zonas donde siempre me dio la impresión de que ese fenómeno social de sacar la silla a la acera más se daba. He de reconocer que quizá esa visión se vea un poco alterada por el hecho de que esa era la zona que yo conocía en mis años de niñez. En aquellos años, si yo hacía una trastada en el parque López Suárez -que nosotros siempre llamamos Vivero-, mi madre sabía lo que había hecho antes de que a mi me diese tiempo a recorrer el camino hasta casa. El caso es que poco a poco, a mediada que los años han ido pasando, esa costumbre fue desapareciendo. Cada año había menos sillas en las aceras y eso se hacía notar en la sensación de vida de la zona. Hace un par de días, en una de estas bochornosas noches de calor que estamos sufriendo estos días, decidí salir a pasear por allí y me llevé una grata sorpresa. Todas esas casas de las que hace poco colgaba el cartel de «se vende» están empezando a ser recuperadas. Pero no radica ahí mi sorpresa, sino en que con las casas han vuelto las sillas. Hacía muchos años que no veía a tantos vecinos en la calle charlando, echándose unas risas y en algunos casos alguna que otra cabezadita. Da gusto ver, que en la epoca en la que lo que está de moda es Internet, ligar a través del Messenger y conocer a nuevos amigos en el chat del IRC la gente sigue recurriendo a sistemas tan simples como plantar una silla delante de su casa y esperar hasta que alguien se decida a dirigirte la palabra.