Desde el día en que cayó el Gordo, circulan por Monforte todo tipo de historias relacionadas con la lotería. Décimos que se pudieron comprar gracias al premio de una máquina tragaperras, abonados de toda la vida que renunciaron al número del Gordo justo antes de ese sorteo, sueños premonitorios que se quedaron solo en eso porque el 76254 ya se había agotado. Una de las anécdotas más curiosas aconteció en el bar Manhattan, cuyo propietario, Luis Maceda vendió 61 décimos del Gordo a sus clientes. Para ser exactos, fueron 59. Uno se lo quedó él y otro se lo llevó de regalo su tío, un vecino de Canedo -parroquia del municipio de A Pobra do Brollón- que les había obsequiado a su vez con un cordero para Nochevieja. «A muller regaloulle un décimo. Imaxínate a alegría que ten, e a pena de que nós quedaramos sen ningún. Polo menos, toucoulle ao noso rapaz», dice Miguel Maceda, padre del dueño del bar.