El castro de Seceda sale a la luz tras seis décadas de abandono

Por segunda vez en tres meses, un antiguo asentamiento de la sierra de O Courel ha sido liberado de la maleza que lo cubría


QUIROGA / LA VOZ

Por segunda vez en tres meses, un castro de la sierra de O Courel ha sido liberado de la maleza que lo cubría desde hace décadas con el fin de hacerlo accesible a las visitas turísticas. El pasado octubre se llevó a cabo una intervención de este tipo en el castro de Vilar, donde no se habían realizado desbroces en veinticinco años. Ahora se hizo lo mismo en el castro de Seceda, que llevaba mucho más tiempo sin limpiar. «Unha veciña de Seceda díxonos que o castro non se rozara en sesenta anos polo menos», explica el arqueólogo monfortino Iván Álvarez Merayo, que dirigió la operación.

Como en el caso del castro de Vilar, la intervención fue encargada y financiada por el Servizo Provincial de Arqueoloxía -dependiente de la Dirección Xeral do Patrimonio Cultural- a petición del Ayuntamiento de Folgoso do Courel. En ambas operaciones se invirtieron unas cantidades similares, de en torno a 10.000 euros. La retirada de la maleza, según indica Iván Álvarez, ha puesto al descubierto unas estructuras constructivas de notables y dimensiones. Entre ellos figuran restos de murallas, fosos defensivos y barreras construidas a base de hincar lajas de piedra en el suelo. Junto a ellos hay vestigios de casas, una de ellas de un tamaño superior al de la mayoría de las edificaciones de este tipo.

Además de limpiar el castro de matorrales, el equipo que llevó a cabo el trabajo recuperó un camino tradicional que une el antiguo asentamiento galaicorromano con la localidad de Seceda -cabecera de esta parroquia-, conformando una ruta circular de senderismo que puede ser recorrida en una hora y media. Este tiempo incluye el necesario para hacer una visita comentada al castro.

Señales y barandillas

La alcaldesa Dolores Castro señala que el gobierno local pretende ahora instalar señales y paneles explicativos en los dos castros, así como colocar algunas barandillas de seguridad en los lugares que pueden resultar peligrosos para los visitantes. «Para poder facer isto pensamos solicitar unha axuda económica, pero se é preciso o Concello tamén podería reservar unha pequena partida para financiar esas intervencións», explica.

Con este ya son tres los castros del municipio de Folgoso do Courel en los que se han realizado labores de acondicionamiento para abrirlos a los visitantes. Además del mencionado castro de Vilar, también está el de A Torre o de Sobredo, el único de la sierra en el que se han realizado además labores de consolidación de los restos de antiguas construcciones.

El gobierno local, apunta por otro lado Dolores Castro, intentará conseguir algo más adelante la ayuda necesaria para retirar la maleza que oculta en gran parte otro castro del municipio, el de Vilamor, que se caracteriza igualmente por contar con unas importantes estructuras de defensa. Por ahora, sin embargo, no hay planes para realizar sondeos arqueológicos o excavaciones en alguno de estos castros, que actualmente siguen estando muy poco estudiados.

Una red de poblaciones ligadas a la minería de la época romana

El castro de Seceda, al igual que los de Vilar y A Torre, forma parte de un amplio conjunto de asentamientos de la época romana que se sitúan en diferentes puntos estratégicos a lo largo del valle del Lor. Los investigadores suponen que estos núcleos de población fortificados estuvieron relacionados directamente con las actividades mineras que se desarrollaron en la sierra de O Courel durante el período imperial, principalmente en los siglos I y II de la era actual. Como todos los demás yacimientos arqueológicos de la comarca de Quiroga, estos castros figuran en el catálogo del patrimonio cultural del proyectado parque geológico Montañas do Courel. Las primeras catalogaciones científicas de estos asentamientos fueron realizadas a finales de la década de 1970.

 

una labor complicada

El desbroce del castro de Seceda fue llevado a cabo durante dos semanas por un equipo de cinco personas. La operación coincidió con unas condiciones meteorológicas desfavorables -bajas temperaturas, fuertes vientos e incluso nevadas- que entorpecieron la labor. A ello se sumó la dificultad de retirar la maleza que creció incontroladadamente durante muchos años. A la derecha, uno de los fosos defensivos del castro, ahora visibles de nuevo

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