Huellas del pasado vitícola de Tor

Luis Díaz
LUIS DÍAZ MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

Un antiguo lagar de piedra se conserva en uno de los laterales del pazo monfortino

05 jul 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Hace un par de semanas, salía a la luz la existencia de una bodega excavada en la montaña que sirvió en tiempos de nave de crianza de los vinos de Tor. Está situada en Carrouba, lugar próximo a la casa solariega, en la que se conservan otras huellas de su pasado vitícola. Entre ellas llama la atención un antiguo lagar de piedra adosado a uno de los laterales de la edificación. Fue descubierto en los años sesenta, en los viejos calabozos a los que se accede desde el patio interior. Cuentan en el pazo que en un principio se pensó que podía ser un aparato de tortura.

Para el arqueólogo Iván Álvarez, no cabe duda del aprovechamiento de esa pieza. «Utilizouse para a elaboración de viño, sen dúbida algunha. Aínda se distingue o oco onde ía o sinfín», señala. Llaman la atención, sin embargo, sus reducidas dimensiones. Contrastan con los volúmenes de vino que se manejaban en las bodegas del pazo, donde hasta hace poco se conservaban cubas de miles de litros de capacidad. «En cada zona de viñedos posiblemente se fixese o prensado», sugiere este experto, que ha localizado piedras de lagares en la ribera del Miño.

Las posesiones vitícolas del pazo de Tor no solo estaban situadas en las parroquias monfortinas de su entorno. La documentación que se conserva alude a viñedos en arriendo en zonas del municipio de Pantón e incluso de una propiedad vitícola que muy posiblemente estuviese situada en el paraje de la ribera de O Saviñao conocido como Cabo do Mundo. En el memorial de las personas que pagan rentas a Tor del año 1721 aparecen viticultores de Siós o Vilaxilde, en Pantón.

También se conservan datos pormenorizados de la producción de vino y los jornales que se pagaban por la vendimia y el cuidado de las viñas en la encomienda de Quiroga. La documentación se hace extensiva en ese caso al aguardiente que generaba la destilación de los bagazos a comienzos del siglo XIX y a la cosecha de aceite de los olivares existentes en ese lugar. La destilación de los orujos se llevaba a cabo en el mes de enero siguiente a la vendimia, en la que según las anotaciones era muy común alimentar a base de sardinas a los jornaleros.

Fue descubierto en torno 1960 en los calabozos y se pensó que era un aparato de tortura