La mejor noticia para Isabel es que el doble crimen que se llevó por delante a su hermana y a un compañero de trabajo en 1994 será revisado por la justicia. La peor noticia para esta sociedad vilipendiada y pisoteada en sus derechos más elementales es que ha sido necesaria una medida más de fuerza para sensibilizar a los irresponsables de la investigación y del correspondiente enjuiciamiento. De nuevo, para lograr algo tan elemental como exigible, un ciudadano se ha visto obligado a suplicar en el desierto de la injusticia, poniendo en riesgo su propia vida como salida a su estado de desesperación.
Me pregunto: ¿sería igual el resultado de las investigaciones de un magnicidio de una de nuestras primeras autoridades políticas? ¿Recuerdan el atentado de ETA haciendo volar el coche de José María Aznar, por aquel entonces jefe de la oposición, que salvó la vida gracias al blindaje de su vehículo? ¿Se hubieran salvado en las mismas circunstancias un guardia civil o un policía de la escala básica?
Seguimos, pues, en lo de siempre: hay ciudadanos de primera, de segunda, de tercera y así hasta el infinito. Ya no digamos, si echamos una ojeada a la política brutal de recortes en elementos básicos de nuestra sociedad, como la sanidad y la enseñanza, por ejemplo. ¿Por qué se les recorta a los más débiles, a los más indefensos, a los inocentes de esta crisis, y se siguen manteniendo los privilegios de los causantes de la misma, como los bancos, grandes fortunas, etc.? Podríamos seguir con los porqués de aquí a mañana. Solo, quizás, tenga la respuesta Mouriño.