Hace unos días se hacía público el censo de viviendas en la comarca de Monforte. Se supera el umbral de las veinte mil viviendas construidas. Lo que no quiere decir que todas estén en condiciones óptimas de habitabilidad. De ellas tres mil están vacías. Durante la última década han sido construidas más de dos mil viviendas en la ciudad. El boom, el apogeo inmobiliario, la facilidad del crédito, y el no tener un precio desorbitado empujaron la burbuja. Muchas familias, sobre todo de personas mayores de aldeas y parroquias decidieron también comprar su vivienda en la ciudad, amén de algunos monfortinos que viven fuera la mayor parte del año.
El paisaje es sin embargo distinto. Barrios clásicos de la ciudad presentan una fotografía en blanco y negro. Casas y viviendas cerradas a cal y canto. Fachadas deterioradas en no pocas ocasiones. Otras zonas sin embargo son o han remozado la mayor parte de sus viviendas.
Pero ¿puede el monfortino medio acceder a una vivienda digna? La cifra de desempleados en la comarca es dramática: cuatro mil. Las pensiones de los jubilados son raquíticas, siendo Galicia la comunidad en la que se perciben las pensiones más bajas del estado. Los jóvenes en su inmensa mayoría siguen marchándose de la ciudad. No hay muchas perspectivas laborales.
¿Quién compra y quién se atreve a promover y edificar en los tiempos actuales? Dos mil cuatrocientas viviendas vacías y los bancos no conceden crédito.
Esa es la realidad.