El oso despierta de su letargo

ALBERTO LÓPEZ texto Y FOTOS MONFORTE / LA VOZ

LEMOS

La tradicional salida del Oso de Salcedo, en A Pobra do Brollón, vivió una de las ediciones mas concurridas de los últimos años

08 mar 2011 . Actualizado a las 06:00 h.

Es lunes de Carnaval. Nos dirigimos hacia la aldea de Salcedo, en A Pobra do Brollón. Allí se conserva una de las representaciones carnavalescas más curiosas de cuantas se conservan en la provincia y probablemente de Galicia: el Oso de Salcedo.

Son las cinco menos cuarto de la tarde. La cola de vehículos que nos precede por la carretera que lleva al pueblo es un síntoma inequívoco de que se acerca la hora de salida de este carnavalesco animal. Al llegar, una marea de gente se amontona en la plaza del pueblo alrededor de un ciego que, de vez en cuando, advierte a gritos de su llegada. Pasadas las cinco de la tarde, el presagio del invidente se convierte en una realidad y el Oso hace su aparición bajando a paso lento por la calle principal.

Todo el mundo echa a correr ante la amenaza de ser tiznado por el protagonista de la fiesta. Pero las huellas de sus zarpas, embadurnadas en una secreta mezcla de hollín y sabe Dios qué más, no tardaron en posarse en los rostros de sus víctimas, que en poco más de una hora eran casi la totalidad de las personas que copaban las calles del pueblo. Una labor esta, en la que el animal no estuvo solo. Contaba con el inestimable apoyo de los ayudantes armados con fuertes bastones para atrapar a los rebeldes. Palos que lanzados con destreza bajo los pies de una «presa» consiguen que casi nadie logre escaparse de salcedo sin ser embadurnado.

Una vez que el Oso se dio por servido, él y sus ayudantes se retiraron -exhaustos- al lugar donde esperará la llegada de la próxima primavera. Entonces volverá al pueblo a marcar a todos cuantos acudan a verle.