Sarria cuenta para desgracia de sus ciudadanos con un amplio historial de denuncias urbanísticas de toda índole. Hasta hace unos meses por lo menos en lo que compete a los problemas con la normativa del ámbito de protección del camino de Santiago no existían problemas. Un peregrino fue el encargado de destapar la caja de los truenos con una denuncia sobre los dos edificios que taponan la vista del casco urbano desde la parte alta de la villa y abrió la espita de una olla que ahora está en plena ebullición.
Concellos, sobre todo los del Camiño Francés y administración autonómica mantienen una guerra abierta por la concesión de licencias que hasta el momento solo tiene un claro perdedor, el ciudadano que con toda la buena intención emprende una obra contando con la preceptiva licencia municipal y por lo tanto presuntamente con todas las bendiciones y se encuentra sin comerlo ni beberlo con la oposición de las autoridades para continuar con los trabajos. Las administraciones autonómica y local tienen que sentarse para aclarar esto y así evitar que los palos sigan cayendo siempre en la espalda del mismo.