Rememorando una película de Peter Sellers

Ramón Rodríguez

LEMOS

19 nov 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

E programa de la televisión prometía. «De martes a martes», «sen tapuxos». Sobre las diez y media la presentadora daba entrada al director del hospital comarcal de Monforte. Máxima atención en mi familia. Esperaba como vecino, pues lo que estaba deseando todo el mundo: respuestas a las listas de espera, al por qué no me llaman para ir al oculista o si voy a tener que ir a Lugo a operarme y me podrá llevar mi hijo, eso que andan diciendo por ahí de que quieren suprimir el médico de guardia que hace las radiografías, los médicos que se van del hospital y que luego me llaman por teléfono y me cambian el día de la consulta o cuándo me llamarán para la rehabilitación de esta rodilla que tengo operada.

Dicen los que entienden de esto que no puede haber un buen entrevistado si no hay entrevistador que le ayude a levantar el vuelo. No hace falta llegar a un nivel americano tipo Larry King de la CNN o subirse al silencio animador de Jesús Quintero como el Loco de la Colina pero cuando el entrevistado se pierde en aquello de «como monfortino que soy», que le gustan los colores ocres del otoño, el verde en primavera, el circuito colorrectal, que tenemos el mejor hospital de Galicia y que colocaremos al paciente en el eje del sistema, hasta el más pintado de los periodistas becarios en prácticas empezaría a correr pidiendo que se lo tragara la tierra.

Como vecino me ofende y me produce bochorno el autismo que padecen los que gestionan nuestro hospital Es la incapacidad para resolver los problemas de la gente. En el momento en que escuché un discurso casi memorizado y el tono monocorde de sus palabras, acompañado de un lánguido parpadeo, me acordé de la película Bienvenido, Míster Chance en la que un inolvidable Peter Sellers encarna a un jardinero de pocas luces cuyo mayor deseo es tener el mando a distancia de la televisión. El entrevistador dice: «El presidente de EE.UU. ha citado frases de usted? y ha comparado la economía de este país con un jardín?». Y el jardinero, una tras otra, y a pesar de los intentos del entrevistador para que se defina, solo le responde: «Sí, es posible que todo, todo, crezca sano y fuerte, hay mucho sitio para árboles nuevos y flores nuevas de toda clase? un jardín necesita muchos cuidados y mucho cariño? algunas plantas están mejor al sol y otras en cambio crecen mejor a la sombra».

¿Qué te parece si en armonioso silencio vamos deslizándonos por la porcelana de las baldosas y nos vamos a dormir?, me dijo María. Yo le respondí: ¡no?, no me digas nada, que me enciendo otra vez!.