El estadio de Rivela se desmorona

LEMOS

La instalación deportiva de Sarria nunca ha sido remodelada y está obsoleta y descuidada. El campo es un patatal y gradas y vestuarios se caen a pedazos

26 ene 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

El estadio de Rivela era envidiado en el resto de la provincia cuando se estrenó hace casi una veintena de años. Desde ese instante sus instalaciones no han sido objeto de ninguna reparación y su estado es lamentable. La realidad es que el campo se ha convertido en un patatal, mientras que las gradas y los vestuarios amenazan con desmoronarse por completo en cualquier momento.

El mimo con el que los cuidadores tratan el terreno de juego no sirve para disimular que ya no sirve para jugar al fútbol por mucho que le pasen el pisón para allanarlo. El campo nunca ha sido levantado por completo, cuando lo aconsejable es que se haga cada seis o siete años. Antes se hacía un proceso denominado pinchado con una máquina que trataba el terreno de manera que conseguía oxigenarlo para que recuperara su buen estado, pero hace seis años que este proceso tampoco se lleva a cabo.

El gran problema es que en este terreno de juego disputan sus partidos dos equipos de veteranos, el de tercera regional y los de juveniles, cadetes e infantiles del Sarria S.D., lo que hace imposible que pueda recuperarse.

Los mismos equipos tienen que usar para entrenar un campo que apenas supera el tamaño de medio terreno de juego reglamentario. Los martes y los viernes suelen ejercitarse a la vez alrededor de 50 jugadores, originando un verdadero caos en muchas ocasiones.

Las alternativas que tienen son el campo de rugbi de O Chanto y el de fútbol siete de la rúa de Castelao. El primero es un terreno muy blando en el que los jugadores se entierran casi hasta la rodilla y por lo tanto les resulta imposible ejercitarse. También existe el problema de que no dispone de duchas y los jugadores tienen que cruzar por la pasarela sobre el río para asearse en el polideportivo de O Chanto. El segundo es el que usan los benjamines y alevines y en el momento en el que entrenen sobre él también quedará inservible.

Al margen de sufrir esta situación a diario, los integrantes de los equipos todavía tienen que soportar las chanzas de los conjuntos que se enfrentan con ellos.