Las cuentas de las mil lecturas

LEMOS

El debate de los presupuestos estatal y autonómico se difumina en la polémica por las mociones de censura

25 oct 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

El presupuesto institucional es, con frecuencia, una entelequia contable, una manera de hacer política con los números, un juego de magia en el que a lo largo del año los dineros van y viene de una partida a otra. Ocurre en Lugo, claro, pero también le ocurre a Lugo con las cuentas del Estado y de la Xunta. Son estos que corren días de otoño y presupuestos, de castañas y cuentas, de obras comprometidas y compromisos que quedan para mejor ocasión. Ahora es la crisis la que, según dicen los unos y los otros, los que mandan aquí, en Lugo, y allá, en Madrid y Santiago, reduce, encoge y adelgaza el dinero disponible para la provincia. Al partido del gobierno, de cualquier gobierno, le parece muy bien el presupuesto y a la oposición, a cualquier oposición, le parece escaso, impreciso e inaceptable. El juego de la política se juega estos días en el terreno de las cuentas.

Lo mejor de las grandes cuentas institucionales no es lo que dicen los números que figuran en ellas. No. En Lugo, lo mejor es que permiten apreciar las ganas de trabajar de los señores diputados y concejales y algunos otros cargos acogidos al beneficio del erario. El Gobierno presentó el pasado lunes en el Parlamento su propuesta presupuestaria. Y fue cosa de ver entre los notables del PP lucense cuánta desinformación, cuan poco conocimiento tenían de lo que el presupuesto deparaba a Lugo. Hubo, sí, quien hizo su trabajo con prontitud y se preocupó de recabar la información que no encontró territorializada en el plan económico. El diputado y concejal Jaime Castiñeira supo dar explicaciones convincentes acerca de partidas para obras que no figuraban con nombre y apellidos, como la correspondiente al museo de la romanización. Otros necesitaron hasta el miércoles para estar en condiciones de emitir su opinión, favorable, claro, como en el caso de la delegada territorial, Raquel Arias .

Estuvo rápido en hacerse oír el portavoz municipal del PP en Lugo, Joaquín García Díez , diputado nacional, pero era evidente que la información de que disponía obedecía escasamente al propio buceo en las grandes cuentas autonómicas. José Manuel Barreiro , presidente provincial del partido, estuvo desaparecido hasta el jueves, el día en el que se sustanció la moción de censura en Láncara.

En el campo socialista, la cosa no estuvo mucho mejor. El alcalde de la capital, José López Orozco , tenía otras cosas en la cabeza y tardó en decidirse el lunes en emitir su opinión. Cuando lo hizo, fue evidente que había tenido días mejores. Por su parte, el diputado de postín que es el secretario provincial de los socialistas, Ricardo Varela , cuando se le preguntó, el martes, por los presupuestos delegó la opinión en la vicesecretaria general y también diputada, Sonia Verdes . A la vista del contenido de las respuestas de la chairega quedó claro que el asunto presupuestario era, en ese momento, una materia en la que debía mejorar; también que tiene cierta capacidad para manejar con soltura el argumentario de urgencia, hecho de clichés que lo mismo valen para un presupuesto que para otro. A estas alturas, es probable que ya haya buceado en las partidas destinadas a su provincia y quizá haya identificado las obras previstas en su comarca. Ricardo Varela necesitó hasta el viernes para opinar sobre las grandes cuentas autonómicas.

En el Bloque, su responsable comarcal y vicepresidente de la Diputación, Antón Bao , precisó algún tiempo para hacer el análisis presupuestario en la tarde del lunes. Pero lo hizo y su análisis apenas fue más escueto que el que dio a conocer al día siguiente, junto al ex conselleiro de Industria, Fernando Blanco .

Dentro de pocas semanas será presentado el plan económico municipal. Antes, gobierno y oposición deberán decidir, si es que son capaces de tomar una decisión, si cambia o no el modelo de tarifas en el servicio de abastecimiento de agua. El debate de este asunto ha sido más interesante por las carencias que dejó en evidencia que por la solidez de los argumentos. Una vez más quedó claro que la administración municipal lucense vive en otro tiempo, en tiempo pasado. La falta de datos fiables sobre los que trabajar pone al descubierto, entre otras cosas, la disparatada política de inversiones en la aplicación de las nuevas tecnologías de la información. Lo mejor de todo es que a nadie se le ocurrió pedir explicaciones en el campo político a la concejala Luisa Zarzuela .

En Lugo, sí, en este otoño de cuentas de crisis, ya nadie duda de que Friedman tenía razón: cuando se trata de economía todo el mundo es un experto, que casi siempre se equivoca.