Una polémica por centímetros

LEMOS

La Sociedad Val de Lemos justifica el vedado de los arroyos Rioseco y Saa por la falta de truchas de medida y espera levantar en dos años la prohibición de pescar en ellos

19 abr 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

La prohibición de pescar en el arroyo de Rioseco y el río Saa fue, por lo que respecta al sur lucense, la principal y casi única novedad incluida por la Consellería de Medio Ambiente en la orden que regula la temporada de este año. A diferencia de la creación del coto del río Lóuzara, el vedado de los dos afluentes del Cabe pilló por sorpresa a los cañistas y ha generado duras críticas entre muchos de ellos. La sociedad Val de Lemos, promotora de la iniciativa se defiende argumentando que apenas quedaban truchas de medida. Según explica su presidente, Roberto Martínez, ambos cauces quedarán de nuevo abiertos a la pesca dentro de dos años, previas repoblaciones por parte de Medio Ambiente.

A la vista de los vertidos que sufre en su tramo final, que atraviesa el casco urbano de Monforte, más de un pescador se preguntará si realmente merece la pena vedar el arroyo de Rioseco. Alguno incluso se sorprenderá por el hecho de que aún existan peces en sus aguas. Los buenos aficionados, sin embargo, saben que el instinto manda y que son frecuentes las truchas que remontan desde el Cabe para desovar y que luego se acomodan en sus pozas. En un año como este, en el que el caudal facilita la pesca, a muchos cañistas la decisión de vedarlo no les ha sentado nada bien.

Para Manuel Rodríguez Meira, presidente del Club de Pesca Monforte, que surgió a raíz de una escisión de la Sociedad Val de Lemos, en un año como este, en el que los riachuelos traen agua, los vedados de Rioseco y Saa resultan «irracionales». Este último arroyo, que vierte sus aguas en el Cabe a la altura de la parroquia de Cereixa, en A Pobra do Brollón, es más frecuentado por los pescadores de la zona que el de Rioseco, aunque de un tiempo a esta parte cada vez es más difícil capturar en sus aguas truchas de medida.

Pocas y pequeñas

El delegado de pesca de Val de Lemos, Roberto Martínez, alude precisamente a la escasez de truchas de diecinueve centímetros -la medida mínima que se exige salvo excepciones en los cauces fluviales- para justificar la propuesta que formuló esta sociedad a Medio Ambiente para el vedado de los arroyos de Rioseco y Saa. «Los dos tienen muy pocas piezas y de pequeñas dimensiones. Permitir la pesca en estos ríos sería consentir el furtivismo, porque las truchas que iban a picar no alcanzan la medida», explica Martínez.

«Claro que hay algunas truchas de medida, pero son las repobladoras y si dejamos que las pesquen estamos sacando la cría del río», prosigue el delegado de Val de Lemos, que se muestra sorprendido por la polémica suscitada en torno a los vedados. La propuesta, según explica, «se tomó para preservar la poca pesca que había» y tendrá carácter reversible. Esta campaña se han llevado a cabo repoblaciones en ambos cauces y, de acuerdo con los planes de la sociedad de pesca, en el plazo de dos años se pedirá a la consellería que levante los vedados.