José Luis Rodríguez Pérez es una de las muchísimas personas a las que la Guerra Civil le trastocó por completo sus planes, pero es una de las pocas que llegan a cumplir cien años, y los que vengan, porque aparenta muchos menos. Por supuesto, es el policía nacional jubilado más veterano, circunstancia por la que ayer fue homenajeado en la Subdelegación del Gobierno.
Natural de Santa Euxea (Guntín), lugar al que dice que ahora va con menos frecuencia, estudió 12 años en el Seminario de Lugo. Cuando le faltaban tres o cuatro meses para ordenarse sacerdote estalló la guerra y el centro fue clausurado. No solamente vio truncado su deseo de ser cura sino que fue enviado al frente y participó en la contienda los tres años.
Cuando regresó ingresó en la policía, cuerpo al que perteneció durante cerca de 30 años. Se casó y tiene tres hijos y varios nietos, además de la esposa, que ya cumplió 87. Como profesional ejerció en comisarías de Logroño, Tarragona, Santander y Lugo. Dado que la jubilación es a los 55 años, ya lleva 45 en esa situación.
Ayer, en el salón noble de la Subdelegación, permaneció estoicamente sentado en una silla hasta que comenzó el acto y recibió el pergamino y la distinción que le fue concedida por el ministerio, junto con otros seis policías en activo. Al finalizar atendió al alcalde y a quien se le acercó, y se fotografió con los numerosos familiares que lo acompañaban.