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La Voz

LEMOS

El PP lucense testa su capacidad de movilización con una campaña para reclamar mejoras en el ferrocarril

14 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

Por el páramo de la política lucense cruza estos días el tren de los intereses electorales y va dejando a su paso un rosario de frases gastadas, de gestos repetidos y de batallas tan viejas y deslucidas como las estaciones de la provincia. El PP llama abiertamente a la movilización social en defensa del ferrocarril en Lugo y la izquierda aguada que es el PSOE se parapeta, para salvar a Zapatero, en la trinchera de la inversión en autovías. Los trenes que no llegan al barranco de Friás pasan de nuevo, ahora que es precampaña, por los desolados apeaderos de la inteligencia política que son los despachos donde se fraguan las estrategias electorales para la provincia de Lugo. Hay una llamada a la movilización, pero nadie sabe de dónde, cómo y cuándo arrancará la locomotora que, según parece, quiere poner en marcha el PP.

El presidente provincial de los populares se entrega a una lucha sin cuartel en la reconquista del territorio electoral perdido por su partido en Lugo. A J osé Manuel Barreiro , como al teniente que entra en fuego, le sobran ganas, coraje y entrega a la causa; pero en su ejército faltan generales que diseñen las estrategias y cabos que empujen a la tropa en el asalto a las trincheras del rival político. Barreiro lanza el llamamiento a la movilización en defensa del ferrocarril y hay como un pasmo entre muchos de los suyos, un inquieto mirar alrededor esperando que venga otro con la pancarta.

En el PP lucense son aún numerosos los que no acaban de entender que, para salir del desangelado apartadero del poder que es la oposición, habrán de dar batallas que se libran también con megáfono y pancarta. Pese a todo, la iniciativa de Barreiro ha removido algo en las estancadas aguas de la política lucense y ha creado inquietud allí donde se deciden los destinos de los trenes españoles. En la Red cuelga desde hace nada un manifiesto titulado Lugo también existe, que puede ser una vía muerta más en el presente de Lugo o la señal de salida para el largo viaje que será preciso para que la provincia tenga los servicios ferroviarios que demanda.

La izquierda lucense ha reaccionado airada frente a la propuesta popular. La izquierda tenue que es el PSOE dejó sólo al alcalde Orozco defendiendo lo indefendible, tapando con los millones de las autovías las miserias del ferrocarril en su ciudad. El alcalde filósofo, que desbrozó el camino por el que transitó Touriño hasta la presidencia de la Xunta, fue de nuevo la cara que asomó de la trinchera socialista mientras Barreiro lanzaba la andanada de la llamada a la movilización. El PSOE hace tiempo que en Lugo es una gestoría, una oficina al servicio del cargo institucional, más que un partido, o sea, un ámbito generador de ideas, formador de cuadros, instrumento de cohesión y canalizador de anhelos sociales. Y claro, cuando carga el rival político, la infantería socialista está dispersa, despistada y a otra cosa. Cuando el PP llamó a la movilización, el secretario general de la agrupación local, José Ramón Gómez Besteiro, viajaba por Hispanoamérica en calidad de presidente de la Diputación. Quizá tuvo ocasión en tan largo viaje de reflexionar sobre si, cuando llegue el momento, y llegará pronto, conviene a los intereses del PSOE lucense que siga acumulando cargos institucionales y de partido; es una reflexión que también en las filas populares empiezan a aconsejar no pocos afiliados a sus oficiales. En algún caso, tras el consejo está la envidia, que, como se sabe desde Quevedo, «va tan flaca y amarilla porque muerde y no come».

El PP promueve una campaña en defensa del ferrocarril en Lugo y testa así su capacidad de movilización en el camino hacia las elecciones autonómicas. En el vagón de mercancías estiba el argumentario en el que se repite la palabra crisis. Sabe el PP que el tren que ya apenas pasa por Lugo atraviesa un paisaje de alcaldes acoquinados ante el anunciado recorte de las aportaciones estatales a las arcas consistoriales. Algunos han tomado buena nota del consejo del presidente del Colegio de Economistas, Salustiano Velo : refuercen el rigor contable e incrementen el control del gasto. Y aún así, hay ediles que temen verse en la tesitura de «pechar as portas», que dijo el socialista Miguel Sotuela , alcalde de Ribas de Sil. En el triste apeadero ferroviario que es hoy Lugo, silba pero aún no arranca el tren de la reivindicación, bloqueado en la ingobernable maraña de agujas de los intereses electorales.