Un pintor local que reside en Cataluña dedica sus vacaciones desde hace varios años a crear un museo al aire libre en Láncara, para el que reclama ayuda y promoción
04 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Fermín Díaz Losada es uno de los miles de gallegos que residen fuera y que en agosto regresan a los lugares de nacimiento para pasar las vacaciones. En su caso, en lugar de pasar las horas al sol en la costa o en la playa fluvial, las dedica a pintar murales en las casas y alpendres de Monseiro, una pequeña aldea de Láncara que está en la subida del monte de A Meda.
Fermín, pintor muralista que firma Finxo, nació en Sarria pero en verano siempre regresa a este lugar de Láncara en el que nació su mujer. Hace años decidió recubrir las paredes de la casa con un mosaico grabado en pizarra que incluye dibujos como un reloj de sol, pero también versos de Rosalía de Castro.
En los siguientes veranos siguió con la misma práctica artística y cada vez que viene pinta un mural en otras construcciones aledañas. De este modo, quien pase por el pueblo puede contemplar ya cinco grandes obras que cubren las paredes de bloques de cemento, de ladrillos y de piedras de las casas y alpendres.
Ahora la aldea es una especie de museo al aire libre creado por este artista, que busca presentar «un compendio y resumen de las tradiciones y costumbres del pueblo gallego», según señala Finxo.
El mural del año pasado está dedicado a la Santa Compaña y el de este último se complementa con el anterior. De acuerdo con la explicación del autor, son cinco personajes que representan al pueblo llano. Son la fatalidad del destino, el miedo, el grito, la resignación y la confianza en la mediación religiosa. En casi todos los murales incluyó un personaje que, sin llegar al autorretrato, se asemeja al artista. De acuerdo con la explicación que da Fermín Díaz, es un modo que tiene de implicarse y de reafirmar que se siente gallego «por los cuatro costados» y que, como emigrante, se siente identificado con este país promoviendo sus valores culturales.
Sin embargo, el pintor también tiene una queja que presentar. El año pasado obtuvo el compromiso del alcalde de que el organismo municipal colaboraría en la conservación de los murales y en su promoción pero, según dice, no fue así y no fue adoptada ninguna iniciativa para que los conozca la gente.
Al parecer, cada verano, además de pintar un mural nuevo, también tiene que dedicar tiempo y dinero a restaurar y reparar los daños que aparecen en los ya existentes. Ahora incide en conseguir apoyo para unas obras que despertaron el interés de los medios de comunicación.