Abusos relacionados con el consumo en Lugo quedan impunes por la mentalidad de «dejar pasar» los asuntos y la poca fuerza de los colectivos de consumidores
16 jul 2008 . Actualizado a las 02:00 h.¿Cuántas veces ha escuchado a un conocido o incluso a usted mismo quejarse, entre otros, de cobros abusivos en servicios telefónicos que no ha demandado o de garantías que dejan prácticamente sin cobertura un producto de segunda mano? Sin embargo, en Lugo pocas de esas pataletas se convierten en reclamaciones reales ante los organismos de Consumo o las asociaciones de consumidores.
«Es cierto que en los últimos años ha aumentado la concienciación, pero la mentalidad sigue siendo la de dejar los temas pasar, a no ser que haya en juego un beneficio económico importante», resaltó el secretario de la Agrupación de Consumidores y Usuarios de Lugo, Alfonso Muñoz. El colectivo del que forma parte recibe cada año «alrededor de 300 consultas». Muy pocas van adelante.
Con este panorama, el dicho de «mexan por nós e dicimos que chove», llevado al extremo, viene que ni pintado para describir la actitud del lucense a la hora de hacer respetar sus derechos como consumidor. Hay numerosas situaciones en las que el ciudadano entra en conflicto con la empresa o el profesional que le vendió un producto o le prestó un servicio, pero pocas veces reclama.
¿El motivo? Una de las causas puede deberse a que en la provincia existen pocas asociaciones de consumidores, y las que hay no hacen excesiva fuerza, como reveló un lucense de a pie que ha intervenido en varios arbitrajes de consumo [en el Instituto Galego de Consumo]: «Vas ao arbitraxe e ves que os que deberían defender os teus dereitos están case da parte empresa».
Labor de mediación
En este punto, las agrupaciones de consumidores intentan hacer una labor de mediación poniendo en contacto a las partes implicadas en la contienda. «Si todas las consultas, por pequeñas que fuesen, se elevasen a reclamación, sería un caos para el sistema», argumentó Alfonso Muñoz.
Al parecer, las empresas pequeñas son las más dadas a dialogar y a alcanzar un acuerdo con los clientes. «Saben que si se niegan a ir al arbitraje, van a tener encima a la Inspección de Consumo».